De los cuadernillos de divulgación al papel para envolver tortillas

Valdría bien preguntarnos si el hecho de meternos las elecciones “hasta en las tortillas”, verdaderamente alienta la participación electoral.

Los diarios locales consignaron que el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco contrataría a una empresa zacatecana que vende papel ¡para envolver tortillas!, con el objeto de promover el voto. Ande pues. El instituto electoral invitará a participar a los ciudadanos jaliscienses en la próxima jornada electoral del 7 de junio, a través de ¡500 mil envolturas de papel que se repartirían en 4 mil 600 tortillerías! La brillante idea (cómo no se les había ocurrido antes) tendrá un costo aproximado de 480 mil pesos. El titular de la Dirección de Comunicación Social del IEPC, señaló que “hay un estudio que dice que cada mexicano, y cada jalisciense en promedio, consume nueve tortillas al día. Esto quiere decir que es un alimento que está en todos los hogares. No podemos basar la difusión de una obligación que tenemos de promover el voto, únicamente en medios electrónicos o dispositivos móviles. Queremos llegar a la mayoría de ciudadanos, y creemos que es un buen vehículo para hacerlo”. El razonamiento lógico de esta argumentación ha dejado con la boca abierta a más de uno.

La encuesta publicada por Mitofsky, en junio de 2013, “México: ¿cuántas televisiones tenemos?”, señala que solamente 1 de cada 100 hogares en México reporta no tener aparato de televisión en su vivienda. Si se considera el indiscriminado número de spots en radio y televisión al que estaremos expuestos los mexicanos, invadir nuestra privacidad, hasta con el papel de las tortillas, resulta todo un exceso. Ahora los funcionarios del IEPC deciden meternos el proceso electoral literalmente “hasta en las tortillas”.

De esta manera, es absolutamente ridículo proponer semejante barbaridad cuando serán transmitidos un total de 16 millones 174 mil 080 spots, por poco más de dos mil 500 estaciones de radio y televisión, sólo entre el 5 de abril y el 4 de junio, periodo en que se celebrarán las campañas. Eso sin menoscabo de los poco más de 11 millones de spots que fueron difundidos por radio y TV durante el periodo de precampañas. Lo anterior deja en evidencia una cruda y penosa realidad en la que veremos cómo se tirarán a la basura (literalmente) 485 mil pesos de envolturas de papel (¿de quién es el negocio?), en un año difícil para México, por el reciente recorte al gasto público que anunció la SHCP que asciende a 124 mil millones de pesos. Considerando todo lo anterior, valdría bien preguntarnos si el hecho de meternos las elecciones “hasta en las tortillas”, verdaderamente alienta la participación electoral o más bien el abstencionismo y el hartazgo.

Resulta oportuno preguntarnos ¿cuál es la institución del Estado mexicano que debe promover el voto? La respuesta es interesante. De acuerdo a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), son los partidos políticos los encargados de ello, pues en su artículo 41, Fracción I, señala “los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática”. Posteriormente, en el mismo artículo, Fracción II, la CPEUM dispone que los partidos políticos tendrán financiamiento público para sus “actividades tendientes a la obtención del voto”. Mientras que el apartado C, de la Fracción V, del citado artículo 41 constitucional, señala que son los “oples” los que ejercerán la función de la “educación cívica” del pueblo.    

Es decir, a los partidos políticos les compete de manera preponderante el aspecto cuantitativo de las elecciones: propiciar la mayor participación electoral posible (en términos brutos); mientras que a los institutos electorales les compete desarrollar aspectos cualitativos de ellas: mediante la difusión de la cultura y los valores democráticos, construir ciudadanía y desplegar aptitudes y actitudes cívicas entre los mexicanos. Cómo extrañamos hoy al IFE, aquel que usó los Cuadernillos de Divulgación de la Cultura Democrática para reforzar los valores democráticos y la participación. Tan bajo hemos caído que hoy, ante la escases de ideas y de argumentos, se cree que regalando papel para envolver tortillas (con dinero público) se contribuye a “promover el voto” y sorprendentemente se considera que es “un buen vehículo para hacerlo”…  

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