El Poder Judicial sometido por la falta de méritos profesionales

No perdamos de vista que la salida de Luis Carlos Vega Pámanes no ocurrió por alguna investigación de la Fiscalía, Contraloría o Auditoría. La renuncia ocurre obligado por las circunstancias, debido al ejercicio del periodismo que, en los hechos, se ha convertido en la única fiscalización realmente efectiva. Si nos enteramos del peculiar currículum de quien era, paradójicamente, el máximo responsable de impartir justicia, es debido al escrutinio de los medios de comunicación. Es oportuno tenerlo en cuenta ahora que está en puerta el proceso para nombrar al nuevo titular del Poder Judicial en Jalisco.

La vergonzosa escena que colocó a Jalisco en el ojo del huracán sucede porque quienes tienen capacidad de incidir en el nombramiento de magistrados y jueces, en la gran mayoría de los casos proponen a personajes de muy bajo perfil. Abogados susceptibles a la manipulación, debido, esencialmente, a su falta total de méritos para ocupar esas altas responsabilidades.  De forma tal que, ante la ausencia de virtudes y cualidades propias, siempre estarán dispuestos a torcer la ley para emitir sentencias injustas –supuestamente apegadas a derecho-, cuando sus entusiastas promotores les indiquen el sentido en que deben resolverse. Así, estos magistrados y jueces actúan en los hechos como firmones de los grupos de poder. No podrían hacer menos, debido a que su cargo no es el resultado de una carrera judicial, ni tampoco de una destacada instrucción o actuación profesional. De chofer a magistrado, si con esto se asegura el cargo y la firma de sentencias, al actuar como una suerte de botarga sin voluntad, independencia o compromiso con la impartición de justicia.

El problema no está en que a los magistrados los nombre el Congreso. La dificultad reside en el premeditado e intencional bajo perfil de los nombrados, que por ello, son dependientes absolutos de los grupos de poder. Para se independiente en tus decisiones, debes ser, profesional en tu desempeño. Quien de entrada no es profesional en su desempeño, obviamente no podrá marcar límites a las pretensiones siempre presentes de retorcer la ley, para beneficiar a quienes disponen de poder o dinero. Justo ahí reside el modelo de control que tiene al Poder Judicial sometido. Sin independencia, honradez o compromiso institucional con la emisión de sentencias justas, donde efectivamente se castigue a quienes obran en contra del interés de la comunidad.

Bajo este esquema de poner gente de confianza, sin méritos profesionales, ni carrera judicial, se alienta la repartición de un poder que es usado para el enriquecimiento, la defensa de la corrupción e impunidad. Ese es el tipo de Poder Judicial que tenemos en Jalisco. Uno integrado por abogados sin el más mínimo pudor para someterse al poder de los grupos de interés, aún en contra de la ética, el derecho o el decoro. Funcionarios capaces de resolver el asunto que les pidan, sin importar cuantas leyes, procesos o derechos deban ser conculcados. Obvio, a cambio de su jugosa tajada por cada firma. Una suerte de notarios de la corrupción, al servicio del mejor postor. Bajo esa triste y bien conocida realidad, se procede a sacar al malo, para poner uno igual o peor. Incluso, más amarrado y comprometido que su antecesor.

Si quienes hicieron llegar a Vega Pámanes a la titularidad del Poder Judicial, serán los mismos que decidan hoy a su sustituto, seguros podremos estar que en el cambio de persona no habrá, en absoluto, renovación en el modelo de control, en el esquema de corrupción y de sometimiento bien conocido del Poder Judicial a los intereses del dinero. Será una suerte de gatopardismo. Cambiar, para que todo siga igual. La tremenda crisis de credibilidad y confianza por la que atraviesa el Poder Judicial, no es imputable al que se fue, que bien sabían quien era y lo que existía en su pasado. La responsabilidad del daño causado a la institución responsable de impartir justicia lo causaron los que obran dolosamente para colocar a incondicionales sin criterio, independencia, ni profesionalismo. Quienes creen que por derecho les corresponde decidir sobre otro poder, además al colocar a personajes sin los debidos méritos profesionales…

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