MC y gobierno, ¿en pacto?

Naturalmente una parte del PAN poco a poco va saliendo del clóset. La mayoría son esos que en la pasada elección apostaron porque perdiera el PRI, a costa de que lo hiciera también su propio partido (en ello dejaron literalmente colgado de la brocha a Fernando Guzmán). Fue un cálculo de dos grupos confrontados entre sí, el de Emilio y Herbert Taylor, versus el de Eduardo Rosales; que por negociaciones diferentes llegaron a la conclusión de que la extensión de sus canonjías, de sus negocios y de cierta impunidad estaría asegurada si el PRI perdía las elecciones.

De forma que, al advertir el desgaste de su partido, después de 18 años de gobierno (los seis últimos con escándalos muy sonados de corrupción y mentadas de madre), ambos grupos panistas decidieron apostar por una proyecto que les diera cobijo para mantenerse como los influyentes hombres del poder que fueron en la época dorada del PAN, cuando todos se decían orgullosos blanquiazules. Emilio alimentó al gobierno de Tlajomulco con cuanto dinero solicitó, con la pretensión de dividir el voto de oposición al PAN. Después, con el con el claro interés de convertir en ganador a un ex priista, ex perredista y que podría estar más cerca de su grupo de interés, incluso que su propio partido (el PAN).

La historia con Eduardo Rosales es diferente. Alfaro y Rosales son socios en los negocios desde hace tiempo. Así quedó plenamente acreditado cuando el 19 de diciembre de 2008 se asociaron en Ocean View (la sociedad creada por los hermanos Alfaro Ramírez, para especular con bienes inmobiliarios), justo en medio de los escándalos relacionados con el reparto de recursos provenientes de la partida 8000 de la LVIII Legislatura del Congreso de Jalisco, donde fungió Enrique Alfaro como diputado local, de representación proporcional. Mientras su socio inmobiliario era el entonces presidente del Comité Directivo Estatal del PAN.

Ambos grupos panistas tuvieron motivos para aliarse con Alfaro. Primero sin reconocerlo, y ahora cada vez con mayor apertura en la propia medida que impulsan a sus allegados a sumarse a la causa Alfarista. Emilio, que alienta a Diego Monraz, Herbert Taylor y Álvaro García (entre otros). Eduardo Rosales, con su grupo encabezado por Pilar Pérez Chavira en el CDE del PAN y José Luis Munguía en el Congreso.

No deja de resultar interesante que en este juego de intereses, el gobierno sostenga un deliberado manto de impunidad sobre el sexenio de la corrupción, con cierta protección para reagruparse en el bloque naranja a los expanistas. Una suerte de gatopardismo: cambio de gobierno, para que todo quede igual.

 

gabtorre@hotmail.com