Intérprete de su propia realidad

Hay asuntos que, simplemente, no dan. No siempre los amigos, podrán heredar a los amigos. La cercanía de relaciones personales, generalmente no corresponde con la realidad. Los caprichos en política cuestan caros, mucho. Ser persuadido por opiniones cercanas, interesadas en una agenda personal, es una muestra de que se extravía la percepción de las cosas, de la realidad, del gobierno… Pero no hay que pelearse con la realidad. La realidad suele ser el resultado de los estados de ánimo, de quien ejerce el poder. De las filas y fobias. De las percepciones, que no siempre coinciden con lo que ocurre. Todo sujeto poderoso tiene la posibilidad de imponer sus caprichos, que son sólo eso, caprichos motivados por la circunstancia. Esa que asume que todo se puede, que todo se debe, que todo ocurrirá…

No obstante, la realidad es más compleja, más aguda, más parca. El estado de ánimo no cambia la realidad, y ésta se expresa en números que son fríos, despiadados, crueles y reveladores. Cuando las filias le ganan a la capacidad de calcular, de intuir, de gobernar, los disparates surgen a la vista. Unos que definitivamente pueden prosperar, pero nunca perdurar en contra del sentido común, de la razón de ser, del deber ser de las cosas. Una imposición, sometida a un proceso  democrático, siempre asomará su origen.

En nuestro tiempo, estas decisiones muestran su matiz, y con ello, el alcance de sus miras. Las cuentas alegres no corresponden con una era compleja, cada vez más intrincada. Ir en contra de la realidad, del sentido común, es una apuesta no sólo arriesgada en estos momentos. Es particularmente irresponsable. Acusa un estilo caprichoso, que en antaño ha causado severos daños cuando se contrasta con el ánimo general, en las elecciones. Los activos, en política, se miden hoy con números que son fríos. Tan fríos como los que animaron a quien hoy gobierna Jalisco, que siempre, siempre encabezó todas y cada una de las encuestas. Pero sus caprichos personales no serán la realidad…

La realidad es producto de la circunstancia, del trabajo, de la trayectoria… Nunca la cercanía personal compensará los méritos propios. Ignorar tan básicos motivos en política puede llevar a irremediables errores. De esos con el tiempo se quisieran corregir, regresando el tiempo. El gobierno es una oportunidad única, que se aprovecha cuando no se pierde la percepción de la realidad, cuando se mantienen los pies en la tierra y se decide lo que debe ser, incluso, por encima de lo que se quisiera. No obstante, los políticos son los peores intérpretes de su propia realidad…

 

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