Instituto Nacional Electoral: ¿en riesgo la operación de las elecciones?

Dos temas fundamentales para la gobernabilidad democrática del país dependen de la habilidad política del presidente. Uno es el relativo a las relaciones ejecutivo-legislativo, mismas que hasta ahora descansan en un pacto signado por el Ejecutivo con los principales partidos. El otro tema importante es el relativo a la relación del ejecutivo federal con los gobernadores. En México, la regla no escrita fue el sometimiento de los gobiernos locales a través del formato corporativista hegemónico instituido desde la presidencia, lo que prácticamente anuló toda posibilidad de autonomía y soberanía de los estados. El último mandatario en ejercer el presidencialismo, aquel descrito por Jorge Carpizo que se basaba en las facultades metaconstitucionales, terminó con el mandato de Carlos Salinas. A partir de 1994, fenómenos como la alternancia en los gobiernos locales y la realización de elecciones cada vez más confiables modificaron el mapa político del país y establecieron lentamente nuevos parámetros de entendimiento entre instancias de gobierno. Con la convivencia cada vez más frecuente entre gobiernos provenientes de distintas filiaciones políticas, se requirió también de un nuevo esquema de concertación, tanto para los estados como para los municipios, partiendo del respeto a estos órdenes de gobierno.

El federalismo es un tema que fue ampliamente discutido por la creación del Instituto Nacional Electoral. Más allá de su actual contenido meramente electoral, en el fondo se discute el nuevo perfil de las relaciones intergubernamentales y los mecanismos de ejercicio del poder entre la federación y los gobernadores. Una auténtica defensa del federalismo no debe circunscribirse al ámbito electoral. En todo caso se debe discutir nuevos mecanismos de asignación de las participaciones federales, redefinición de las competencias tributarias, respeto a la identidad jurídica de los estados como poderes locales, y una auténtica descentralización de funciones. Lo que ocurre apunta a un conjunto de reformas que contravienen los avances por desconcentrar y federalizar asuntos que deben ser competencia de los estados.

Quienes aprobaron la reforma electoral, con un ánimo centralizador en la renovación de los poderes públicos de las entidades federativas, pasan por alto que aquel sistema político diseñado para funcionar con el formato de un partido hegemónico, que dominaba todos los ámbitos del gobierno, es hoy absolutamente incompatible con la pluralidad política expresada en la integración de los gobiernos locales.  

http://twitter.com/gabriel_torrese