La Fiscalía General: figura de oropel, sin resultados

No sólo en materia de seguridad los indicadores dejaron mucho que desear. En especial destacan las graves omisiones en el trabajo realizado por el ministerio público del Estado, a cargo de la Fiscalía General. Numerosas y vergonzosas fueron sus pifias.

De acuerdo a las estadísticas publicadas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (en adelante SESNSP), ¿cómo está la seguridad en Jalisco, comparada con lo que ocurre a nivel nacional? En el periodo que va de 2012 a 2015 (corte al 31 de mayo) los cuatro delitos que son considerados como de alto impacto tuvieron el siguiente comportamiento.

La reducción del homicidio doloso en Jalisco estuvieron a la par de la media nacional (28.4 nacional, 28 por ciento en Jalisco). Habría que destacar, sin embargo, que el secuestro se redujo en un 26.4 por ciento a nivel nacional, mientras que en Jalisco registró una importante baja del ¡72 por ciento! Sin duda, un indicador que debe reconocérsele a Nájera. Pero, de 2012 a 2015 (corte al 31 de mayo), la tasa en materia de robo a vehículo con violencia se redujo un 31.2 por ciento a nivel nacional, mientras que, por el contrario, en Jalisco aumentó un 1.2 por ciento. Incluso, de 2012 a 2015 (corte al 31 de mayo), si bien la tasa en materia de extorsión se redujo en un 30.5 por ciento a nivel nacional, a contrapelo, en Jalisco aumentó un 62 por ciento.

Es importante destacar que mientras que a nivel nacional estos cuatro indicadores registraron una baja importante en la tasa de delitos (29.1 por ciento en promedio), Jalisco registró alza porcentual en dos indicadores (contrario a la tendencia nacional). En términos generales, los avances de Jalisco en materia de seguridad estuvieron muy por debajo del promedio registrado nacionalmente. Además, un total de 107 servidores públicos de todos los niveles de Gobierno han sido asesinados en lo que va de la presente administración estatal, según datos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF). Entre ellos sobresalen tres funcionarios de alto nivel: José de Jesús Gallegos Álvarez, secretario de Turismo; el diputado federal priista por Jalisco, Gabriel Gómez Michel; y Javier Galván Guerrero, delegado federal del ISSSTE, entre los más destacados.

No sólo en materia de seguridad los indicadores dejaron mucho que desear. En especial destacan las graves omisiones en el trabajo realizado por el ministerio público del Estado, a cargo de la Fiscalía General. Numerosas y vergonzosas fueron sus pifias, como cuando se dijo que la detención de Pérez Pozos era por caso López Castro, cuando el móvil verdadero era por “enriquecimiento ilícito”, además de integrar totalmente mal la averiguación que devino en su liberación posterior, en dos ocasiones. Otra, que MURAL conociera el domicilio de José Luis Gómez Quiñones (Seguro Popular) antes que la Fiscalía, que tenía una orden de aprehensión en su contra por “desvío y aprovechamiento de atribuciones y facultades”. El caso de la fabricación de culpables, como con el supuesto barrista de Chivas, al que se le compró una gorra, para hacerlo responsable de la golpiza a policías, el 22 de marzo de 2014, en el clásico Chivas vs Atlas. Las vergonzosas declaraciones del Fiscal, cuando se anticipó a calificar de “chismes”, la versión de los compañeros de Ricardo de Jesús Esparza, el alumno de la Universidad de Guadalajara misteriosamente muerto en el Festival Cervantino de Guanajuato. Pero tal vez la mayor falta del Fiscal que renunció fue con la reiterada y dolosa omisión ante la flagrante corrupción documentada en el último año de Emilio González (su ex jefe), ya que la Contraloría del Estado interpuso al menos 12 denuncias penales ante la Fiscalía General por corrupción, que no lograron mayor castigo para quienes impunemente desviaron centenas de millones de pesos. Entre más grande fue el desvío, y más evidente la corrupción a los ojos de todos, mayor fue el desdén de la Fiscalía para integrar correctamente las averiguaciones y conseguir el castigo para los enriquecidos ex funcionarios (sus otrora jefes).

La fiscalía general resultó, hasta ahora, ser un costoso aparato burocrático que en términos generales -más allá de su titular- fracasó frente a la insultante impunidad que se registra en Jalisco. Al margen del oropel que significó su creación, de fondo, es claro que no existe la voluntad política para que en Jalisco, quien la haga, la pague…

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