Escenarios en Guadalajara rumbo al 2018

Las campañas deben servir para ganar votos, pero también se pueden perder electores. Recordemos que la política, es, el arte de lo posible.

Independientemente del partido o candidato que pueda ganar las elecciones en Guadalajara, hay escenarios probables que es oportuno analizar. Si Enrique Alfaro perdiera las alecciones en Guadalajara, de cualquier forma sería un candidato lo suficientemente rentable para que MC lo postulara a la gubernatura en el 2018. Si gana, indiscutiblemente sería el rival a vencer para el partido en el gobierno. Se piensa que si el ex presidente de Tlajomulco triunfara en las elecciones por la capital de Jalisco, la elección de 2018 sería un mero trámite… no necesariamente. Convertirse en presidente municipal de Guadalajara lo colocaría en el centro de los reflectores y le daría una exposición mediática aún mayor que la que hoy sostiene; algo que le sería de mucha utilidad.

No obstante, para gobernar con éxito Guadalajara (y cacarear como en Tlajomulco sus resultados) se necesita además de oficio, publicidad y dedicación, del apoyo del gobierno estatal y federal (como el que recibió incondicionalmente de Emilio para gobernar Tlajomulco). Condiciones que podrían ocurrir parcialmente (sobre todo el apoyo federal) o tendría que gobernar una ciudad con una gigantesca nómina, con sindicatos poderosos, con una deuda pública monstruosa y además hacerlo sin el apoyo (y tal vez en contra de) el gobierno de Jalisco y el federal. Un panorama nada alentador para alguien que aspira a gobernar Guadalajara como botón de muestra para gobernar, luego, Jalisco. Con un cierre de filas espartano entre gobiernos priistas, lo que no pudieran hacer en las urnas, podría ocurrirle en el gobierno: un estrepitoso fracaso. Pero de algo no hay duda, Alfaro estará en la boleta electoral de 2018, gane o pierda las elecciones en Guadalajara.

Ahora bien, si Ricardo Villanueva ganara las elecciones en Guadalajara, sería el candidato natural del PRI al gobierno de Jalisco en el 2018 (no el único). Eso explica la motivación para dejar la secretaría más poderosa del gabinete y entrar en el escenario más complejo que enfrenta el PRI en estas elecciones. Villanueva y su equipo tienen como objetivo claro el gobierno de Jalisco en el 2018. Eso, si son capaces de ganarle en Guadalajara al candidato de oposición con mayor capital político. Esa sería la carta de naturalización con el PRI y el acceso a los cargos de elección popular que hasta ahora no registra. Dos requisitos indispensables para ser considerado como candidato a gobernador en el 2018. Sin embargo, si no ganara, mantendría cierta relación de confianza y personal con el gobernador, y no sería este el fin de su carrera política. Además tiene la alternativa de regresar al primer círculo directivo de la Universidad de Guadalajara. Eso sí, el nivel de supresecretario difícilmente lo podría recuperar, sobre todo porque en el PRI las victorias tienen muchos padres, pero las derrotas son huérfanas. La apuesta es alta, pero de prosperar, el escenario se modificaría a su favor en el PRI, en el equipo compacto de Aristóteteles y en la misma Universidad de Guadalajara. Algo que, sin duda, vale la pena intentar.

Alfonso Petersen tiene lo suyo. Es el candidato más rentable con el que el PAN podría competir, medido en todas las encuestas. Aunque se dice que su participación podría dividir el voto de oposición al PRI, en política siempre existen otros escenarios. En un desplome de alguno de sus dos opositores, Petersen podría estar en ocasión de convocar al “voto útil”, es decir, a captar electores de otro partido para evitar que gane el puntero de las encuestas. Si su campaña despega lo suficiente, Alfonso Petersen podría hacer de esta elección una escenario de dos, donde él fuera la única alternativa –de último momento- para vencer en las urnas al favorito de las encuestas. Esto lo colocaría como el candidato indiscutible de su partido para el 2018. Si no ganara, Petersen lograría al menos evitar el desplome absoluto de su partido en Guadalajara y con ello mantenerlo como una opción con capacidad de competir.  Una tarea nada despreciable para un panista de cepa, después del desastre en que dejó a su partido Emilio González Márquez.

Las campañas deben servir para ganar votos, pero también se pueden perder electores. Recordemos que la política, es, el arte de lo posible…

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