Elisa Ayón y los audios comprometedores

El audio difundido por el Partido Movimiento Ciudadano dejó en evidencia los alcances del arreglo corporativo y clientelar del PRI en el gobierno municipal de Guadalajara. La profesora Elisa Ayón es conocida por su temperamento, ahora también por sus peculiares frases. Inicia así una espiral de acusaciones mediante grabaciones, porque seguramente este no será el primer caso ni el último de un gobernante exhibido mediante grabaciones no autorizadas. El audio tiene valor periodístico por tratarse de un regidor y de amagos a trabajadores del ayuntamiento. Los medios están en su obligación de publicar lo que los regidores de MC entregaron servido a los diarios.

El propósito ya cumplió parte de su cometido. Ya la “renunciaron” de la secretaría general del PRI y se encuentra emplazada a lo propio en su cargo de regidora, cosa que se antoja muy difícil, a la luz de la personalidad de la representante popular. La grabación consiguió revertir los roles. La que solicitaba renuncias se vio obligada a presentarla en el PRI, hasta ahora… El caso es que el espectáculo de los audios, y los objetivos de difundirlos públicamente, parece apenas comenzar. Los diarios podrían tener mucha tela de donde cortar de los políticos que gustan de usar el lenguaje procaz para explicar sus procederes o amagar con airados reclamos, incluso, a comunicadores.

Elisa Ayón olvidó la prudencia que un político de sus horas de vuelo debe observar para llamar a terreno a los que supone son miembros de su equipo. Es un descuido monumental, que en sí mismo, merece la penalización a la que hoy se encuentra sometida. Para nadie es un secreto que las formas en la política se han diluido para sustituirse por el lenguaje propio de una conversación entre adolescentes. Es común que regidores, diputados, presidentes municipales, funcionarios y hasta delegados federales se expresen con términos propios de un chico de antro. Tal vez este asunto sirva para tratar de recuperar la estatura en el planteamiento de los asuntos propios de la función pública.

Ahora bien. De fondo está el caso de las presuntas cuotas que representantes populares estarían cobrando a quienes trabajan en áreas delicadas que se prestan para el abuso al ciudadano y la corrupción. De ser así, al final de esta cadena de complicidades está el usuario de un servicio público municipal, que se ve obligado a entregar un soborno a cambio de un servicio. Soborno que, al parecer, debería estar reportado y tolerado a los más altos niveles del gobierno. Eso es, definitivamente, lo más delicado en este escandaloso asunto.

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