Donald Trump y los signos de nuestro tiempo

Una característica de la democracia es la incertidumbre. El economista austríaco-estadounidense, Joseph Schumpeter, acota el significado de democracia en su enfoque realista, al de un método de competencia electoral para renovar los cargos del gobierno. Sin competencia, no hay democracia plena. Democráticamente y en una cerrada competencia el electorado eligió al presidente de Estados Unidos, contra la mayoría de los pronósticos. Caballo que alcanza, gana. El candidato republicano consigue una victoria que resulta muy legítima, por la alta competitividad de la elección presidencial. El Partido Republicano, además, se queda con mayoría en la Cámara de senadores y mayoría de congresistas. En el país del entertainment, cualquier cosa era posible.

Este fenómeno, que rompe con pronósticos mayoritarios, ya se había mostrado en las elecciones en Argentina, en el Brexit, en las elecciones en España, y en el referéndum por la paz en Colombia. Lo previsible… no ocurrió. El culto a la encuesta, leída como medición de un futuro predecible (que no son eso, pero nos empeñamos en leerlas así), demuestra que aún con las compañías con más tradición en Estados Unidos, la encuesta en sí, no es para adivinar el futuro. En todo caso, estos estudios estadísticos de aproximación a la realidad miden un momento del pasado inmediato en que se levantó la encuesta. En perspectiva comparada, las encuestas pueden servir para identificar una tendencia  a la alza, o a la baja. Así que, bien entendidas, la tendencia mayoritaria que reflejaron las encuestas en Estados Unidos, era correcta. Clinton bajaba y Trump crecía en la recta final. En qué momento se cruzarían los porcentajes y se invertirían los lugares, eso no lo señalaban, porque siempre en las encuestas hay un porcentaje amplio que no define el sentido de su voto, pero al final elige. Además, el sistema de elección del presidente, mediante un Colegio Electoral, ahora favoreció al republicano.

El autodefinido “conservador con sentido común” desafió los esquemas de lo políticamente correcto. Como lo escribió el periodista, especialista en geopolítica, estrategia internacional y consultor de la ONU, Ignacio Ramonet: Con “su estilo directo, populachero, y su mensaje maniqueo y reduccionista, apelando a los bajos instintos de ciertos sectores de la sociedad, muy distinto del tono habitual de los políticos estadunidenses, le ha conferido un carácter de autenticidad a ojos del sector más decepcionado del electorado de la derecha. Para muchos electores irritados por lo « políticamente correcto », que creen que ya no se puede decir lo que se piensa so pena de ser acusado de racista, la “palabra libre” de Trump sobre los latinos, los inmigrantes o los musulmanes es percibida como un auténtico desahogo”. Agrega Ramonet que el discurso del ahora presidente electo de la súper potencia se dirigió “a la gente que está cansada de la vieja política, de la « casta ». Y promete inyectar honestidad en el sistema ; renovar nombres, rostros y actitudes”. “Su discurso violentamente anti-Washington y anti-Wall Street [anti mexicano, también] sedujo, en particular, a los electores blancos, poco cultos, y empobrecidos por los efectos de la globalización económica”.

Son los signos de nuestro tiempo, expresados durante el 2016: 1. La incertidumbre y los terremotos electorales que derrumban los avances en la civilidad alcanzada en países del primer mundo. 2. Una individualidad egoísta que democráticamente participa poco informada. 3. La revalorización del nacionalismo de rígidas fronteras y el escepticismo frente a la integración de bloques económicos y la apertura de fronteras. 4. El resurgimiento legítimo del clasismo y los argumentos a favor de la superioridad de razas e ideas. 5. La confrontación entre medios de comunicación con el surgimiento, emergente, de movimientos antisistema y anticorrupción, basados en la anarquía discursiva. 6. La teatralidad de los nuevos actores que desafían el oficio, las formas y la trayectoria de los políticos consumados. 7. La desconfianza creciente tanto en el gobierno, en las instituciones, como en los medios de comunicación. 8. El ejercicio pleno del derecho al voto, cada vez menos predecible, y racionalmente explicable.  

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