Desacuerdo, ¿entre la dirigencia y las bases del PRI?

De los resultados de la elección del 7 de junio se puede afirmar que la asignatura pendiente del PRI es responder a las expectativas de los votantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara, donde el tricolor fue mayoritariamente superado por el Partido Movimiento Ciudadano. A su vez, el gran reto de PMC, es ir más allá de donde llega el pavimento. Claramente la fortaleza del PRI -y de lo que aún queda del PAN- son los municipios del interior del estado. Por alguna razón este claro mensaje no fue bien procesado desde la elección de 2012, donde Alfaro mostró su arrastre en la boleta a gobernador y consiguió una clara mayoría en la ZMG. Pero en aquel entonces, el voto rural del PRI, más los votos del PVEM, hicieron la diferencia. Pero embriagados en la borrachera de la victoria, no se desmenuzó el origen de los votos para emprender una estrategia que apuntalara la fuerza urbana de la estructura priista. Las consecuencias corresponden a las acciones y omisiones.

Para el gobierno y su partido es fundamental que la reestructuración en ambos, respectivamente, corresponda a un buen diagnóstico de lo ocurrido. El perfil del siguiente dirigente del PRI estatal debe ser metropolitano. Un priista empapado de la problemática urbana, que entienda a profundidad los cambios en la manera de competir a partir de la emergencia de ciudadanos empoderados por las redes sociales. Uno que lidere el PRI con la velocidad y capacidad de reacción que hoy demandan los nuevos medios. En contraparte, PMC requiere un liderazgo de partido que entienda la dinámica de los municipios fuera de la ZMG, que construya una estructura, de la que aún carecen en muchas ciudades medias y pequeñas. Recordemos que el efecto Alfaro ganó la mayoría de los municipios metropolitanos, pero MC perdió 11 de 20 distritos de mayoría, básicamente distritos rurales: en realidad -aún con las deficiencias de sus candidatos en ZMG- el PRI ganó 10 distritos de mayoría, y PMC tan sólo nueve.

A MC le resultó la lógica de postular a los candidatos que -a su alcance- marcaban bien en el ánimo de los electores. Al revés, al PRI le salió caro presentarse a las elecciones con candidatos de bajo perfil, cercanos al círculo de poder, pero distanciados de su propio partido. Liderazgos que se intentaron fabricar como experimento, a costa de billetazos, campañas de contraste y agencias de publicidad... Se dio por hecho, incluso, un voto duro priista que con desdén no los acompañó a la elección. En esta elección se mostró un claro desacuerdo entre la dirigencia y las bases del PRI, que históricamente habían asegurado un número de sufragios que nadie calculó que esta vez podrían no llegar. Alfaro ya ganó la capital y la ZMG, pero está por verse si a partir de la configuración de su equipo y su periodo de gobierno sostendrá la capacidad competitiva que hasta hoy muestra. El gobierno emanado del PRI tiene tres años, para hacer los mejores del sexenio. Recordemos que Ramírez Acuña perdió la mayoría del Congreso a la mitad de su periodo, no obstante, sus tres últimos años fueron los mejores de sus sexenio. Tanto, que llegó a secretario de gobernación...

 

gabtorre@hotmail.com