Candidaturas independientes, charlatanes y payasos

El pasado 14 de enero, Jaime Barrera se refirió a cómo las candidaturas independientes son lamentablemente utilizadas para denigrar aún más la política, con la participación inducida de un payaso (que como payaso es muy bueno, pero como gobernante es inconcebible) que busca obtener votos de algunos incautos despistados que caen en el juego interesado de quienes promueven y financian este disparate para dividir el voto. Al respecto, Barrera Rodríguez apunta que “no debemos permitir que degeneren así  el objetivo de las candidaturas independientes”. Es difícil no coincidir con Jaime cuando señala que “a Lagrimita hay que seguirlo pero para ver de qué oficina pública sale el diseño de su agenda de precandidato y candidato, pero sobre todo de dónde saca los recursos de su campaña”.

No obstante, habría que agregar también la otra cara de la moneda sobre las candidaturas independientes y preguntarnos, ¿dónde están los líderes ciudadanos que argumentaban a favor de legislación de las candidaturas independientes y en contra de la partidocracia? Resulta que estos autonombrados “ciudadanos” apartidistas –Alfaro, Pablo Lemus, etc.– hoy son postulados por los partidos que dicen aborrecer, pero de los cuales reciben el dinero y spots que la ley les otorga a los partidos… claro está, sin hacerle gestos. ¿Por qué decidieron buscar un cargo por medio de un partido político y no como candidatos independientes? Porque sencillamente son charlatanes consumados que hoy pretenden un cargo público bajo una propuesta ramplona y plagada de contradicciones, que pasó incluso del seudoperiodismo antipartidista, a candidato de MC en Zapopan.

Qué peor nivel de democracia podemos tener, Jaime, cuando además de un payaso candidato, atestiguamos que las más importantes candidaturas de los partidos son ocupadas por personas –que actúan como payasos– que ni siquiera están afiliadas al partido que los postula, pero del que reciben y se gastan el dinero. Una contienda con candidatos propuestos por partidos, pero que gritan a los cuatro vientos detestar los partidos a los que a su vez les sacan el dinero y las candidaturas. Vivales que dejan a la verdadera militancia únicamente la pega de calcas y la publicidad en cruceros. El peor de los mundos. Los candidatos postulados por los partidos deberían ser destacados militantes de reconocida trayectoria, que comulguen y defiendan el ideario expuesto por su instituto político. Guardando las proporciones, es como si el máximo jerarca de una organización religiosa, como el Papa, fuera representada por un exacerbado ateo.

 

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