Candidaturas independientes, con candidatos dependientes

Los partidos políticos acumulan un descrédito importante, en la propia medida en que generalmente no practican la democracia a su interior. Una contradicción que lleva a que estos en vez de “hacer posible el acceso de los ciudadanos al poder público” (artículo 41 constitucional), en no pocas ocasiones más bien sean un obstáculo. Así que rápidamente saltaron a escena aquellos histriónicos sujetos que argumentando en contra de los partidos pretenden ganar credibilidad. Plantearon que urgía se legislaran las candidaturas independientes y el legislador atendió el reclamo. Así que hoy tenemos las candidaturas independientes, pero con candidatos dependientes. Resulta que los agoreros de las candidaturas independientes son hoy flamantes candidatos registrados… ¡por los partidos políticos!

El jurista austriaco Hans Kelsen sostuvo que “la democracia moderna se funda enteramente en partidos políticos… Agregó que “sólo desde la ingenuidad o desde la hipocresía puede pretenderse que la democracia sea posible sin partidos políticos”. Algo que olvidamos en el argot del discurso que se acepta sin pensar. En una democracia deben ser más importantes los partidos políticos, que las candidaturas independientes ¿Por qué? Porque debe procurarse la institucionalización en la renovación de los poderes públicos, y no la personalización de la política con el aliento a liderazgos mesiánicos. En democracia la fortaleza de las instituciones debe ser la protagonista de la vida pública.

La personificación de la política, por el contrario, registró retrocesos en todo el mundo. Los ejemplos abundan: Ronald Reagan en Estados Unidos, Rodríguez Zapatero en España, Berlusconi en Italia, Zhirinovski en Rusia, Aoshima en Tokio, Bucaram en Ecuador, Fujimori en Perú, Collor de Mello en Brasil, Carlos Menem en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela, Fox y López Obrador en México. Imaginemos un congreso integrado mayoritariamente por diputados sin partido ¿Cómo sería el trabajo parlamentario? ¿Cuánto tiempo llevaría conseguir mayoría para avanzar en una agenda legislativa y en los asuntos presupuestales?

Lo más interesante es que no existe relación alguna entre un mayor nivel de democracia y la existencia de candidaturas independientes. Incluso en México ya estuvieron vigentes de 1911 a 1946 ¿Podría sostenerse que éramos más democráticos entonces? Sobre todo porque en este país fue hasta 1953 que se reconoció el derecho para votar a las mujeres. Si revisamos el ámbito internacional advertimos que Cuba permite las candidaturas independientes -CI- en elecciones legislativas, mientras que Uruguay no las contempla. No obstante, el Índice de Desarrollo Democrático (IDD) de Latinoamérica 2014 posiciona a Uruguay en el primer sitio de la Región en democracia. Asimismo, República Dominicana, Honduras y Venezuela, que permiten las CI tanto en elecciones presidenciales como legislativas, aparecen en el los últimos lugares del IDD latinoamericano. En la República Democrática de El Congo están contempladas las CI tanto en elecciones presidenciales como legislativas, pero en el Democracy Index 2012, El Congo ocupa el lugar 159, de 167 países evaluados. A contrapelo está el caso de Suecia, que no permite las CI, pero es evaluado en el segundo lugar del Índice de Democracia Mundial de 2012.

Una mejor democracia no resultará, como se observa, por la existencia de candidaturas independientes; sino con la democratización y el fortalecimiento del sistema de partidos, por más demagogia que escuchemos. La realidad lo confirma. Los sujetos con auténtica capacidad de competir buscaron ser postulados por los partidos y no como candidatos independientes, debido a que los partidos ofrecen ventajas a los candidatos y a los electores, al permitir identificar al votante qué proyecto, programa o ideario se elige, independientemente que estén o no afilados al partido que los postula. Al final, los candidatos que están hoy registrados por los partidos y que no son militantes, son los mayores beneficiarios de la partidocracia que dicen detestar; pues obtienen de los partidos dinero, spots y las mejores candidaturas, sin afiliarse a ellos. Todas las prerrogativas y ninguna obligación, una chulada... 

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