Campañas; lo más franco posible y tan ríspido como sea necesario

Ayer, en la sección “En el debate” del diario Mural, Guillermo Alcaraz Cross (Presidente del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco) y Carlos Manuel Rodríguez Morales (Delgado del Instituto Nacional Electoral en el Estado de Jalisco) opinaron sobre el arranque de las campañas. En un exhorto a los candidatos de los partidos y a los independientes, Alcaraz Cross solicitó “Que sus mensajes sean de propuestas, no de ataques”.  Por su parte, Rodríguez Morales opina que “el electorado espera que los actores políticos expresen los anhelos y las visiones de un futuro por alcanzar, abunden en argumentos, en ideas, diagnósticos y proyectos sustentables para su comunidad” (pero no dice el delegado de dónde saca que es eso exactamente lo que quiere “el electorado”). Ambos funcionarios utilizan la palabra “altura” para referirse a como ellos creen que deben llevarse las campañas (curiosamente uno de ellos sostiene que regalando papel para envolver tortillas se promueve el voto, ¿será eso la “altura”?). Para fortuna de los textos publicados ayer en Mural, Carlos Manuel Rodríguez cita textualmente al presidente del INE, Lorenzo Córdova, que con singular acierto señala que “necesitamos campañas donde el debate público sea lo más franco posible y tan ríspido como sea necesario”. Impecable la percepción del presidente del INE.

Sobre las campañas, resulta oportuno citar los argumentos del profesor John G. Geer, catedrático de ciencia política en la Universidad de Vanderbilt y editor de la Revista de Política en Estados Unidos. Él sostiene que los políticos, periodistas, autoridades y los académicos se quejan de las campañas de contraste, porque dicen que socavan la democracia. No obstante, el catedrático argumenta en sentido contrario, y afirma que cuando los candidatos se atacan mutuamente, generando dudas sobre las opiniones del otro, los votantes y el proceso democrático obtienen beneficios al poner en contraste los argumentos de cara al votante. Incluso llega a la conclusión de que si queremos que las campañas aborden temas relevantes, y se discutan los problemas reales, “las campañas de contraste son la solución”.

John G. Geer dice que los anuncios convencionales destacan una imagen maquillada de un candidato, con frases huecas y que “son en su mayoría pelusa, que no se ocupa de temas relevantes, y no proporciona ninguna prueba en apoyo de las frases formuladas por los candidatos”. Señala que la publicidad considerada “positiva”, no difunde información útil, pues no aporta mayor información al votante y no contrasta diferencias o trayectorias entre los candidatos. Así que el contraste y la crítica cruzada servirían para situar en relieve importantes diferencias entre los candidatos, y aportar elementos que permitan reflexionar sobre el perfil, propuestas y reputación de quienes aspiran a gobernarnos. En vez de publicar frases para la tribuna, que son verdaderos lugares comunes (“mensajes de propuestas, no de ataques”), las campañas son la ocasión para que el elector conozca, distinga y, a partir de la crítica cruzada, sepa quién es quién en esta elección. Efectivamente, que “el debate público sea lo más franco posible y tan ríspido como sea necesario”...  


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