Semillas de conciencia

Cuando las cosas malas le pasan a la gente buena

¿Dónde está Dios cuando las cosas malas le ocurren a la gente buena? ¿Eres de los que se han hecho esa pregunta? ¿Has llegado  creer que Dios podría evitar el sufrimiento, y no entiendes por-qué no lo hace? Interrogantes así sacuden la fe de mucha gente y crean una confusión grave.. no tanto en torno al papel o la función de un Creador Supremo, sino respecto a nuestro propio papel y funciones.

Nos cuestionamos porqué no actúa para llevar la paz a las naciones. ¿No sería esa una tarea me-ramente humana? Hizo la vida, hizo que amaneciera, nos dotó del Supremo Don del Libre Albedr-ío… pero seguimos esperando que nos venga a hacer también esa tarea.

¿Sería congruente dotarnos del poder para elegir cómo vivir, y que al mismo tiempo nos impusiera una vida perfecta? ¿Sería factible la evolución del espíritu humano si no se nos hubiese dado la posibilidad de decidir?

Vemos a Dios como indiferente al dolor humano, frío, distante. “Dios está lejos” acusan algunos ante el hambre y la muerte en Africa… Si fuese verdad que Dios está lejos… ¿entonces porqué no actuamos los que estamos cerca?

Un sólo ser humano muriendo de hambre en este planeta, es motivo de sobra para sentirnos avergonzados de autonombrarnos “civilizados”. Hay quienes no creen en los milagros. Otros espe-ran que ocurran en vez de emprender acciones.

¿En verdad sería necesaria la ocurrencia de sucesos extraordinarios para frenar la maldad? ¿En serio es más fácil seguir atenidos, a que una serie de eventos mágicos detenga esta violencia? Preferimos esperar eso que reeducarnos. La gente invierte horas en orar por la paz mundial. Pero no es capaz de llevarse bien con su propia familia. Se asombra por la degeneración de la juventud, pero NO dedica tiempo en educar a sus propios hijos. Deepak Chopra lo dijo en su visita a México: “Mientras no haya paz en los corazones de la gente, nada detendrá la violencia en esta sociedad”.

No necesitamos más milagros. Millones ocurren cada segundo que nace un nuevo ser humano, con capacidad de ser inteligente. Cada que amanecemos de nuevo el milagro se opera. Somos las manos del Creador. Somos su herramienta para que las cosas buenas sucedan. Somos el puente para que la Voluntad Superior se convierta en decisiones humanas correctas. El problema cuando las cosas malas le pasan a la gente buena, NO radica en dónde está Dios, sino dónde están los otros humanos que dicen ser “buenos” y no ayudan. No educan. No orientan. No dedican un mi-nuto a encauzar a un niño confundido. No necesitamos milagros. Bastaría con dejar de ser insensi-bles.