Semillas de conciencia

El amor en tiempos difíciles

Amor es quizá la palabra más pronunciada y la menos comprendida. Al amor se le atribuyen los milagros más absurdos; las más inverosímiles responsabilidades. Se esperan de él incluso milagros. Y nada de ello es cierto. Acceder al amor requiere valentía. El amor es el extremo de una cuerda, al otro lado se halla el miedo. Anthony de Mello decía que se equivoca la gente que juzga ciego al amor. Que no hay nada tan clarividente como el amor; que lo que es ciego es el apego.

El amor, contrario a lo que se piensa, destroza las ilusiones. Porque una ilusión es algo que no existe. De hecho amar de verdad precisa desilusionarse, deshacerse de las fantasías, de los ideales. El amor ideal es eso: una fantasía, algo que no existe. Cuando eso termina, surge el amor real.

Cuando conoces a alguien y te enamoras, te llenas de ilusiones; esas ilusiones deben romperse para verdaderamente poder amar. Necesita derrumbarse el ídolo, la careta, el tótem que has construido de la persona que crees necesitar… y una vez que la despojas de todo lo que no es y de todo lo que no tiene, es entonces cuando la conoces. Y solo queda la persona íntegra, con sus máscaras y armaduras, pero suyas al fin. Sin los ángeles y los demonios que tú le asignaste.

Ese arcoiris comienza a dejar espacio a una escala de matices de grises y negros. Y surgen las sombras, y los fantasmas, el alfa y el omega de la persona real, falible y maravillosa, con sus absurdos y sus precisiones, con su verdadero encanto, con sus insoportables subidas y bajadas. De hecho, en la noche más oscura es donde nace el amor, donde las almas se encuentran. Conocer lo peor del otro no te hace odiarlo, a menos que no toleres tu propio desvarío. No puede llevarte al cielo sin conocer sus infiernos. Es la rosa y es la espina; el perfume y la herida, no existen por separado.

No es en la cúspide donde la persona amada te conquista, sino en el fondo del abismo. En medio de sus aterradores miedos y defensas, ahí surge el amor. Ahí es donde la valentía hace acto de presencia. Amar puede incluir que te arranquen la piel en tiras.  Por eso el miedo te aleja del amor, si lo que hallas en la persona te asusta. Es en su penetrante oscuridad donde se le conoce de verdad. “Ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito”. Y si tu abrazo es lo suficientemente largo y sostenido, la persona confía y se entrega, por fin se cura, deja de defenderse de fantasmas que no existen. Ahí es donde comienza la verdadera magia… y descubres con sorpresa que las mariposas siguen emprendiendo el vuelo en tu estómago.