Semillas de conciencia

Regresar a las cosas sencillas

La soledad es el camino a la depresión; hoy nos sentimos tan solos mientras estamos rodeados de tantas personas. Vivimos la era de la tecnología de las comunicaciones, y nunca habíamos estado tan lejos entre nosotros.

Padecemos un profundo vacío espiritual, y tratamos de llenarlo con cosas y con gente. Y sólo logramos sentirnos más vacíos aún.

Cuando al ser humano, haciendo uso equivocado de su libre albedrío, se le ocurrió la grandiosa idea de vivir desligado de Dios, ahí empezó nuestra debacle. Necesitamos detener esta vida mecánica y darnos unos minutos para voltear hacia el cielo, para agradecer a la Conciencia Suprema, por un día más de vida en este hermoso planeta. Necesitamos dejar de creer que Dios está lejos; en las nubes o en un paraíso ocioso... Y comenzar a percibirlo dentro de nosotros, más cerca que el aire que respiramos, en el abrazo de la gente, en el vuelo del insecto, en el prodigio de que las hojas de los árboles se muevan con el viento. Necesitamos retomar la sensibilidad de maravillarnos por las cosas sencillas y ver en ellas un milagro. Retornar a la humildad y a la inocencia de cuando fuimos niños, y permitirle al Gran Padre tomarnos de la mano. Si nunca lo hubiéramos soltado, ni la soledad, ni la tristeza Ni el suicidio, tendrían sentido.

¿Y si pudieras darte cuenta de que la vida no es una carrera contra el tiempo?

Que no hay necesidad de perderte el maravilloso paisaje por ir siempre de prisa...

Que solo se trata de que seas feliz y de aportar en otros herramientas para serlo también...

En realidad, la vida no es esa cosa complicada y tormentosa. Todo es más sencillo cuando no piensas tanto; tenemos demasiada racionalidad y poca sensibilidad.

Se trata de dedicar más tiempo a esperar un amanecer, y menos a perseguir a la gente; invertir más energía en hacerla sonreír y menos a intentar cambiarla.

En el balance de angustias y bendiciones, el hecho de estar vivo por si mismo, es un regalo maravilloso; cuídate de no descubrirlo a unas horas de que termine.  El universo se mueve con un engranaje preciso e impresionante. Y tú eres una pieza de esa maquinaria. Con la posibilidad de hacerlo aún más maravilloso o simplemente dedicarte a sobrevivir. Cada amanecer pone en tus manos la posibilidad de honrar a la vida. De continuar con el juego de la Creación. De agitar la vida y esmerarte en que otros sonrían. O puedes vegetar. Dejar pasar los días en una rutina o dedicarte a contar las cosas que no funcionan  este mundo y en la gente.

Tú eliges. Despertaste rodeado de cosas muy sencillas pero maravillosas.