Semillas de conciencia

La Generación Deprimida

¿De dónde vienen estos niños y jóvenes que están cimbrando al mundo? Son el gran parto de la humanidad. No son ellos los extraviados. Sus padres eran los extraviados cuando los trajeron al mundo sin saber porqué ni para qué. No son culpables. Los subieron a un tren sin decirles a dónde iban. Y siguen sin descubrirlo. El problema más grave no es que ellos no saben a dónde van. Sino que sus padres tampoco. La generación deprimida es el producto de la generación confundida. De los padres que no supieron cómo equilibrar el amor con la disciplina.

Que se enredaron intentando descifrar las nuevas ideas sobre “cómo desarrollar la autoestima en sus hijos” y acabaron formándoles un ego inflado basado en una idea terrible. Quizá la más terrible de nuestro modelo educativo: “tienes derecho a todo, te lo mereces todo”. Y se lo creyeron. Son los hijos de los padres que intentaron hacer de ellos un triunfador, sin explicarles acerca del costo. Hijos de padres siempre ocupados en todas las escalas sociales; jugando golf y viajando o trabajando dobles turnos para medio vivir. Y los hijos creciendo en soledad. Sin atención y sin límites. Educados por la televisión o por la trabajadora doméstica. O por los abuelos en el mejor de los casos.

Estos chicos hacen lo que sea para llamar la atención, desde cortarse los brazos “porque no sienten nada”, hasta llevar armas automáticas a la escuela, y realizar masacres y suicidarse. No son culpables. Son gritos desesperados intentando dejar de ser invisibles. Pidiendo ser vistos. Cansados de esperar a que papá levantara la vista del celular o de la televisión y les mirase a los ojos. Y así por años.... A cualquier ser humano la indiferencia lo mata lentamente. Lo convierte en algo que no es. Lo hace olvidarse de lo que en verdad es.

La generación confundida son esos que tuvieron hijos sin saber para qué. Presionados algunos porque sus propios padres querían un nieto. O porque las amigas les decían que “se les estaba pasando la edad”. Incluso porque el hijo mayor “no tenía con quién jugar”. Por estas razones increíblemente terribles, muchos de estos “millenials” vinieron al mundo.