Paideia Política

La candidatura independiente del EZLN

Las candidaturas independientes se han convertido en una opción para acceder a los cargos de representación y de gobierno en México. Por esta vía fueron electos un gobernador, un diputado federal y uno local en 2015, así como varios presidentes municipales.

Por eso no es extraño que en el Quinto Congreso Nacional Indígena (CNI), realizado a mediados de octubre en Chiapas, se haya aprobado la propuesta de postular a una mujer indígena como candidata independiente a la presidencia de la República en 2018, para representar a dicho congreso y al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

El hecho es trascendental porque constituye un giro en el discurso del movimiento zapatista, antes contrario a la búsqueda del poder a través de los comicios. Lo es también porque postularán una candidata indígena, para poner en primer plano a las mujeres y a los pueblos originarios, tradicionalmente marginados de la vida política en México.

Pero para lograr la candidatura, el EZLN y el CNI deberán satisfacer varios requisitos. Uno de ellos será obtener firmas de apoyo ciudadano, equivalentes al uno por ciento o más de la lista nominal de electores, de al menos 17 entidades del país, en 120 días. Con datos a octubre de 2016, se requerirían 829 mil 558 firmas de apoyo. Otro reto será constituir una asociación civil para administrar los recursos económicos de la eventual campaña.

La postulación de una candidatura independiente a la presidencia tiene un elevado grado de dificultad. Sin embargo, el hecho de que la propuesta la haga un congreso de representantes indígenas de todo el país, con muchos seguidores, puede facilitar la tarea. Si se concreta será una competencia importante para los candidatos de los partidos con registro legal, quienes verán aumentar el número de aspirantes.

Si la experiencia política es positiva para el zapatismo, el EZLN podría constituirse en un partido político nacional, que en el futuro buscara la postulación de candidatos a otros cargos de representación y sepultar definitivamente la vocación guerrillera con la que nació.

Si está transformación ocurriera, sería un parteaguas: marcaría un antes y un después desde la irrupción del movimiento zapatista en 1994. Sería el inicio de un proceso de institucionalización de esta antigua guerrilla, con miras a la elección presidencial de 2018. Pero será la ciudadanía quien determine, por medio de su voto, si este cambio ocurre.