Paideia Política

Fidel Castro y México: luces y sombras

La muerte de Fidel Castro marca el fin de una época. Fue un ícono político del siglo XX, que gobernó directamente Cuba de 1959 a 2008 e indirectamente hasta su deceso. Tuvo una relación especial con México. Después de su fallido asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, fue encarcelado y amnistiado por el gobierno cubano. Salió de la isla y llegó a Mérida en julio de 1955.

Después de eso vivió en el Distrito Federal, donde conoció a Ernesto "Che" Guevara. Entre septiembre de 1955 y 1956 entrenó a un grupo de rebeldes cubanos para el combate, en los estados de México y Veracruz. Partió de Tuxpan rumbo a Cuba el 25 de noviembre de 1956, a bordo del yate Granma, para iniciar la lucha revolucionaria que finalmente triunfó el primer día de 1959.

Durante su mandato, en general la relación entre Cuba y México fue cordial. Nuestro país fue el único en la región que se opuso el bloqueo económico de Estados Unidos. Todos los presidentes mexicanos mantendrían la misma posición. Al parecer fue una condición para que Fidel Castro no apoyara movimientos subversivos en México.

El apoyo mexicano a la revolución cubana fue tal que, durante la invasión a la Bahía de Cochinos en 1961 por mercenarios financiados por la CIA, el general Lázaro Cárdenas estuvo a punto de volar a la isla para luchar al lado de Castro. Fue necesaria la intervención del presidente López Mateos para detenerlo en su intento.

La cordialidad diplomática entre México y Cuba fue constante, aunque hubo momentos tensos. Uno de ellos ocurrió en 1981, cuando Estados Unidos presionó al gobierno mexicano para que Fidel Castro no asistiera a la reunión de la Cumbre Norte-Sur, celebrada en Cancún, en represalia por las posturas anti estadounidenses del líder revolucionario.

Algo similar ocurrió en 2002, durante la Cumbre de la ONU en Monterrey. El famoso "comes y te vas" de Vicente Fox a Fidel distanció a los dos gobiernos. Cuando Cuba y México normalizaron sus relaciones diplomáticas, Castro Ruz ya no detentaba formalmente el poder.

Fidel Castro deja un importante legado a su país, pero también retos que superar. El mundo es diferente al de 1959, cuando la revolución cubana triunfó. Es un mundo unipolar donde no hay contrapesos al poderío de los Estados Unidos. Los cubanos tendrán que decidir si siguen la ruta trazada por Fidel, o si dan un golpe de timón, para construir un nuevo proyecto de nación a la altura de los retos del siglo XXI en la isla.