Paideia Política

Elecciones libres y confianza institucional en México

En todo sistema político que se considere democrático, las elecciones libres son una condición indispensable para su existencia. Los comicios son libres cuando los electores sufragan sin ninguna presión o coacción; cuando el voto que emiten es producto exclusivo de su voluntad y no de otros actores o instituciones.

Garantizar elecciones libres es una obligación de todas las autoridades comiciales de nuestro país; sin embargo, esta no es la percepción mayoritaria que tienen los mexicanos acerca de ellas. Así lo revela el estudio de Lorenzo Córdova y otros autores, El déficit de la democracia en México (UNAM: 2015).

Ante la pregunta de cómo describirían las elecciones en México, 30.3 por ciento dijo que no eran libres ni equitativas; 28.4 opinó que en general eran libres y equitativas, pero con problemas severos; 25.4 respondieron que libres y equitativas, con algunos problemas menores; solo 12.9 por ciento opinó que eran completamente libres y equitativas.

Dicha percepción está estrechamente relacionada con la que tiene la ciudadanía acerca de las instituciones electorales mexicanas. Ante la pregunta de si el Instituto Nacional Electoral (INE) garantiza la limpieza de los procesos comiciales, 38.9 por ciento respondió que en parte; 37.7 dijo que no garantiza y solo 21.1 respondió que sí lo hace.

Finalmente, ante la pregunta de si al hacerse cargo parcialmente el INE de las elecciones locales, en 2015, los resultados se harían más o menos confiables que antes, el 52.5 dijo que serían igual; 28.0 opinó que menos y solo 14.1 respondió que serían más confiables.

Como se puede apreciar, hay una escasa credibilidad de que las elecciones mexicanas sean libres; una baja confianza en las instituciones electorales y pocas expectativas de que la presencia del INE en comicios locales hará más confiables los resultados. Una reciente encuesta confirma esta percepción (ver GEA-ISA, Segunda Encuesta Nacional de Opinión Ciudadana 2017).

Con un escenario así, recuperar la confianza ciudadana en las instituciones y en los resultados electorales será complicado. No obstante este panorama, se deberá trabajar intensamente para dotar a los comicios de la suficiente credibilidad, de tal forma que los resultados sean aceptados por los electores sin mayores dudas. Pero para eso hay que generar la convicción de que los votos serán exclusivamente producto de la voluntad popular. No hay otra forma de revertir este déficit democrático.