Paidea

En los tiempos del Bullying

Las últimas semanas se han transmitido abundantes notas acerca del fenómeno que se conoce como Bullying, término adoptado en nuestro país para designar lo que entre nosotros se llama acoso escolar. Al parecer fueron motivadas por la muerte de un estudiante en el estado de Tamaulipas. No obstante lo delicado del problema, de verdad considero excesivo el tiempo que las principales cadenas televisivas han destinado al asunto y los anuncios casi teatrales que algunas Secretarías de Estado (SEP, SEGOB, entre otras) han hecho para, supuestamente, atender el problema con medidas que incluyen inversiones millonarias. No trato de minimizar el tema o desacreditar lo que se pretende hacer, pues habrá que dar la bienvenida a todo lo que contribuya a evitar que las agresiones entre escolares se sigan presentando.Lo que deseo plantear es la necesidad de que se amplíe el análisis de los factores que hacen que persista el problema.Quienes somos adultos entre 50 y 60 o más años, en nuestra infancia vivimos la puesta en práctica de un concepto fundamental y vigente: autoridad. Se ejercía en la casa y en la escuela. Los padres la hacían valer, al igual que los maestros y directores ¿Cuándo se dejó de ejercer? No lo puedo precisar, pero ya hace algunos años que ese concepto se ha desdibujado y ha surgido otro que rápidamente fue ocupando un lugar preponderante: permisividad. ¿Sabemos que bien formar a los niños implica ejercer la nada cómoda práctica de decir NO? Pareciera que esa palabra fue retirada del vocabulario de padres y maestros. Es necesario reintegrarla y usarla con intención formativa, no para anular las iniciativas o la personalidad de los niños y jóvenes. Hoy es válido seguir hablando de que  la escuela es reflejo de la sociedad y no al revés, pero ¿Qué nos ha ofrecido la realidad en los últimos años?  ¿Qué pasa con las televisoras? ¿Qué nos han presentado durante tanto tiempo? Violencia, corrupción, obscenidades, violaciones, vulgaridad, uso de drogas. Hoy el tipo de problemas exige un cierre de filas en las instituciones. Desde el Estado se debe propiciar la construcción de un nuevo contrato social, pero también un nuevo pacto educativo. Es impostergable que intervenga la SEGOB en la regulación de contenidos de los programas televisivos y la SEP debe dejar de cuestionar y de amenazar a los maestros, volverlos sus aliados, motivarlos, prepararlos de la mejor manera para que retomen en las escuelas la valiosa tarea de la socialización primaria, que comprende sobre todo los aspectos formativos que se han descuidado en los hogares de madres y padres que trabajan buena parte del día. Otras Secretarías deben garantizar mínimos de bienestar para la mayoría de la población.En los tiempos del Bullying adquiere su verdadero sentido un programa como el de Escuelas de Tiempo Completo, ya que posibilita que los alumnos estén menos tiempo frente al televisor y más en una positiva convivencia que fortalezca lo que llamamos socialización primaria, donde se enfatice la adquisición de hábitos y desarrollo de actitudes que favorezcan esa convivencia, en ambientes basados en valores que de ninguna manera están fuera de moda, que hoy más que nunca son indispensables. Se requiere que en ese tipo de escuelas se trabaje más profesionalmente el arte y la educación física. Pero ello exige mucho más que los cien millones anunciados por la SEGOB. Más inversión en educación y cultura es una buena manera de atacar de raíz el problema del Bullying. Bien vale la pena.



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