Paidea

En recuerdo de Allende

El pasado jueves tuve noticia del caso de una mujer que recientemente dio a luz, quien tuvo problemas previos al parto, sin alimentación adecuada, sin los medicamentos necesarios; al amparo del seguro popular debió permanecer internada por doce días después del alumbramiento y salió sin tratamiento e impedida para amamantar a su bebé. Gracias al apoyo de un excelente médico, con vocación de servicio, de los que no hay muchos, está iniciando un tratamiento en forma particular para superar sus notorias deficiencias de salud y pueda alimentar a su hijo. ¿Cuántos casos como éste existen en la región y el país? ¿Cuántas mujeres compañeras de vida de trabajadores con míseros salarios, o de hombres desempleados, padecen este tipo de experiencias? ¿Y sus hijos? Cuando llegan a nacer, ¿en qué condiciones lo hacen? Todo esto me recordó al Presidente chileno Salvador Allende, sin haberme percatado que ese jueves 11 de septiembre se cumplían 41 años de su muerte, resultado del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet.El recuerdo del Presidente Allende se da porque el caso de la mujer que menciono, me trajo a la mente el memorable discurso que pronunció en la Universidad de Guadalajara en 1973, ante jóvenes estudiantes, discurso que está considerado como uno de los mejores de la historia. Cada vez que puedo leo el texto y disfruto el video. De verdad se fortalece el espíritu al escuchar a hombres como Allende, que tuvieron dimensión de estadistas y  sensibilidad para gobernar pensando en el pueblo, en el dolor humano, en las necesidades de la gente. Quizás por ello desde los círculos del poder económico decidieron truncar su vida y su proyecto, pues no estaba al servicio de los centros financieros. De ahí que me atreva a considerar ese discurso una especie de testamento político que debe ser leído por las nuevas generaciones de latinoamericanos, especialmente por los jóvenes mexicanos, para que les quede claro que no todos los presidentes de nuestros países han sido o son entreguistas hacia el extranjero. Me interesa destacar, del discurso de Allende, algunos aspectos vinculados al tema con que inicié este escrito. Cuestionó la insuficiencia de lo que el Estado hace para llevar la salud ampliamente al pueblo. Hizo mucho énfasis en la necesidad de que los gobiernos, si se consideran progresistas, atiendan a las mujeres durante y después de su embarazo, pues de ello depende el adecuado desarrollo del niño, de su cuerpo, de su cerebro, de su inteligencia, lo cual está marcado por la ingestión de los alimentos pertinentes, sobre todo durante el primer año de vida. Sin embargo, dijo Allende en su discurso, “cuántas son las madres proletarias que no pueden amamantar a sus hijos, cuando nosotros los médicos sabemos que el mejor alimento es la leche materna, y no lo pueden hacer porque viven en las poblaciones marginales, porque sus compañeros están cesantes y porque ellas reciben subalimento. Como madres están castigadas en sus propias vidas y, lo que es más injusto, en las vidas de sus propios hijos”. Esto sigue siendo realidad en América Latina y en México. Urge hacer a un lado la demagogia e impulsar programas efectivos de atención a las mujeres embarazadas, a fin de garantizar que los hijos se desarrollen y nazcan sanos. Este tipo de políticas sociales estaban en marcha en el gobierno de Allende antes del Golpe de Estado. El recuerdo del estadista chileno nos lleva a pensar que sí es posible gobernar en beneficio del pueblo, pero a condición de que el pueblo sepa elegir a sus gobernantes.   


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