Paidea

Sobre el quehacer sindical II

Tal como expresé en la colaboración anterior, no considero desdeñable la experiencia de haber formado parte del Comité Ejecutivo de la Sección 35. Se adquieren aprendizajes muy diversos y se busca fijar posición sobre asuntos de carácter sindical, y laboral, desde una perspectiva distinta a la del grupo institucional, lo que no siempre se logra. Es bueno mantener una línea política y de conducta que, en el marco de la pluralidad y el respeto a las diferencias, posibilite romper la inconveniente uniformidad que se pretende exista en los sindicatos, uniformidad que desde luego no es recomendable. Sabemos que del análisis, de la discusión de ideas, del debate e incluso la polémica, de la crítica y autocrítica, pueden surgir cosas interesantes encaminadas al fortalecimiento de una organización como el SNTE. Desde hace tiempo, la embestida del neoliberalismo contra los sindicatos exigía de éstos mayor apertura y tolerancia hacia los planteamientos de expresiones distintas a la hegemónica, pues el mayor enemigo del sindicato de maestros no estaba dentro sino fuera, en los grupos empresariales que vienen por la privatización de la educación, y en el propio Estado que ha abandonado sus responsabilidades sociales. No se entendió. Se prefirió ver como enemigos a quienes nos opusimos a que el SNTE aceptara medidas gubernamentales y reformas a la legislación, que hoy estamos comprobando fueron contrarias al interés de los agremiados (el caso de la reforma a la ley del ISSSTE es sólo un ejemplo).Desde la pertenencia a una expresión minoritaria se pidió siempre, al interior del Comité Seccional, el establecimiento de una agenda política que permitiera debatir el rumbo de la organización sindical, construir estrategias propias para la defensa de los trabajadores de la educación, a partir de entender que el SNTE es un ente político en el que los agremiados y sobre todo los dirigentes -entendiendo por dirigente a todo aquel que llega a ocupar un cargo en los distintos niveles de la estructura sindical-, están obligados a hacer política, concebida ésta como el dar rumbo, dirección, al gremio y a la educación pública. Parece que tampoco esto se comprendió. Se optó por mantener el esquema del verticalismo y “la línea”, producto de una cultura sindical que es ya impostergable que cambie por el bien del propio sindicato.Señalo lo anterior porque no fue fácil, en los años transcurridos al interior de la Sección 35, hacer que se escucharan nuestras voces o aceptaran nuestras propuestas como representantes de una expresión no institucional. Se trabajó con distintos Secretarios Generales que, como es comprensible, tuvieron diferentes estilos y formas de conducir el quehacer sindical. La relación con ellos no siempre fue buena, tuvo altibajos, pero se buscó mantener la comunicación y el trato político en el marco de la pluralidad que establece el estatuto. Quedó demostrado que se puede trabajar en beneficio de los compañeros (as) de base sin actitudes entreguistas, con intermediación sin compromisos políticos y gestión sin opacidades. Nunca ocultamos nuestra filiación política, aunque sí rechazamos la estridencia y la agresión en la práctica, pero sin renunciar a ejercer el derecho a expresar nuestros puntos de vista y las discrepancias sobre asuntos sindicales. Tampoco seguimos el camino fácil de la conveniencia y el oportunismo para obtener beneficios personales. Se cierra un ciclo con la seguridad de haber hecho el mejor esfuerzo. Más adelante habremos de escribir con detalle sobre nuestro paso por la sección 35 y las perspectivas del SNTE. 


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