Paidea

¡Mi país, oh, mi país!

Efraín Huerta fue uno de mis poetas favoritos en los años setenta. Sus poemas me ayudaron a lograr una mayor sensibilidad respecto a los problemas sociales y a ver la realidad de otra manera. En aquellos años los compartí con estudiantes normalistas en la puesta de poesías corales, que sirvieron para sembrar inquietudes. Hoy que tenemos en México una situación tan delicada en cuanto a la violencia, la inseguridad, la corrupción, me puse a releer los textos de Huerta y encontré , entre otros, uno cuyo título lleva la Paideia de este domingo. Un poema del que tomo lo que está entrecomillado en este texto.Su lectura y la delicada situación que vive el país, me dice que el principal problema de México hoy es su Clase Política, con una actuación decepcionante, lejos del compromiso con los más necesitados, perdidos en su afán de riquezas y poder, faltos de formación y vocación de servicio. Hay excepciones, desde luego, pero mayoritariamente no han sido capaces de estar a la altura de los retos que enfrenta la nación, no le han servido al país y a su gente. Esta Clase Política nos está dejando un “país de oro y limosna, país y paraíso, país-infierno, país de policías”. Podríamos agregar que tenemos un país de soldados que han invadido las calles de todo el país y de delincuentes que parecieran tener sometido al Estado. ¿Qué es lo que quiere esa Clase Política de los ciudadanos? ¿Silencio? ¿Sumisión? ¿Acaso quieren que estemos agradecidos los mexicanos con los “honorables banqueros”, los “generosos monopolistas”, los “dulces especuladores”, los “laboriosos latifundistas”, los “gloriosos vendepatrias”? Tenemos un país lastimado, herido, “porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos y las cárceles y las prisiones militares son para ellos. Porque la sombra de los malignos es espesa y amarga y hay miedo en los ojos y nadie habla y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada”. La cloaca que se destapó a partir de los casos de Tlatlaya y Ayotzinapa nos debe poner en alerta a todos los mexicanos. La violación a los derechos humanos se ha visto incrementada y la impunidad sigue siendo una constante. Lo que pasa en Michoacán es de gravedad extrema si ponemos atención a lo que ha denunciado el sacerdote Gregorio López a través de distintos medios. ¿Cómo puede el gobierno sostener al Comisionado Alfredo Castillo y su estrategia fallida, que ha generado tantos muertos, tanta división entre los michoacanos? Lo que pasa en Michoacán o Guerrero no es lo único, pues hay problemas en todo el país. No es conveniente, seguir por el mismo rumbo. Por ello, es bueno que se empiecen a levantar voces que ayuden a romper “el silencio espectral que todo lo mancilla”.El propio presidente Peña pertenece a un grupo que ha entregado el patrimonio de los mexicanos a los extranjeros, que ha hecho posible el enriquecimiento desmedido de personas como Carlos Slim a quien le pusieron en bandeja de plata Teléfonos de México, al igual que a otros les ofrecieron diferentes rubros de nuestra riqueza nacional como la minería. Así que tiene razón Efraín Huerta cuando dice: “¡Oh país mexicano, país mío y de nadie. Pobre país de pobres. Pobre país de ricos. ¡Siempre más y más pobres! ¡Siempre menos, es cierto, pero siempre más ricos. Amoroso, anhelado, miserable, opulento, país que no contesta, país de duelo”. Ojalá que no tengamos que descender “al fondo de la nada, muertos sin ataúd, soñando el sueño inmenso de una patria sin crímenes”. Ojalá, asumamos la responsabilidad como mexicanos, de  luchar por recuperar nuestro país, pues es de todos y no de la Clase Política. 



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