Paidea

No olvidar ser maestro

Este 15 de mayo fue el primer Día del Maestro conmemorado en mi nueva condición de jubilado. Nunca fui, en activo, de los que festejan mucho esta fecha, menos ahora en la feliz etapa que me encuentro, junto a otros compañeros también ya retirados del servicio docente, tratando de promover la cultura, especialmente el fomento de la lectura, actividad que nos ayuda a mantener a distancia a ese maldito alemán (Alzheimer) que está listo para atacarnos.

No soy un aguafiestas, pues me gusta bailar y el tequila, pero estoy convencido que leer no riñe con otro tipo de actividades (viajes, deportes, convivencias), más bien se complementa y nos es útil.

Por ello veo como necesario leer por placer, por el mero gusto de disfrutar una obra bien escrita, pero también para seguir aprendiendo. Ya jubilados tenemos más tiempo para ello.Hoy comparto la experiencia de leer El mito de Sísifo de Albert Camus, libro que me ha sacudido.

¡Qué potencia la de Camus! Lo leí al mismo tiempo que estudiaba las obras de José Revueltas; de verdad que ayudó a entenderlo y a posibilitar la escritura de un ensayo sobre este autor.

Me llamó la atención la idea de lo absurdo como punto de partida y no como conclusión, pero sobre todo el papel de la toma de conciencia, a partir del deslinde de lo cotidiano en una vida maquinal, rutinaria, con el comienzo de la conciencia a partir del asombro necesario.

Me resultó muy atractivo tratar de entender el vínculo de esa conciencia, de la clarividencia, de la lucidez, con el tema del sufrimiento. Hasta dónde el darnos cuenta de los absurdos que nos rodean, el poder leer con cierta profundidad lo que pasa en la realidad, el penetrar en aspectos que comúnmente no se ven en las relaciones humanas, nos lleva a cierto tipo de sufrimiento y a su vez a la posibilidad de búsqueda de elementos que den cuenta de ello a través de la reflexión, del arte.

Los maestros nos hemos olvidado de esto y de solidarizarnos con los que padecen en nuestro entorno.

Nos ha ganado la frivolidad.Los planteamientos de Camus resultan de enorme vigencia en este tiempo de enajenación terrible generada sobre todo por la televisión, que ha logrado que los individuos adopten máscaras que suplantan su yo, que modifican su personalidad, representando personajes que les aporta la televisión para generar a su vez la sensación de felicidad.

Vivimos en un mundo de apariencias, donde parece bastar con permanecer en lo superficial de las cosas.

Con las enseñanzas de autores como Camus y Revueltas podemos incidir en la transformación del pensamiento y la acción de las jóvenes generaciones. Ello es parte de la esencia de ser maestros, no lo olvidemos.


gabriel_castillodmz@hotmail.com