Paidea

La muerte de nuestros jóvenes

Siempre he admirado del régimen cubano la atención que da a los niños y jóvenes, en materia de alimentación, seguridad, salud y educación. Es prioridad del Estado proteger y hacer efectivos, en la medida de sus posibilidades, esos derechos; pero, además, castiga a quienes atenten contra ellos. Lo han reconocido incluso organismos internacionales de  orientación capitalista, que no simpatizan con ese sistema de gobierno pero valoran sus políticas en esos rubros. Esto adquiere relevancia entre nosotros, a la luz de los acontecimientos recientes, con lo cuales quedó de manifiesto la poca importancia que se concede a nuestra juventud por parte de las autoridades mexicanas, ya que no sólo se les cancelan oportunidades para estudiar y trabajar, sino que se les arrebata la vida de forma atroz. ¿Quiénes y por qué matan a nuestros jóvenes? Si nos referimos a los estudiantes de Ayotzinapa, ya quedó documentado que fue un crimen de Estado, por acción directa de sus representantes en el nivel municipal y por omisión en los niveles estatal y federal. Esto nos lleva a recordar la pregunta que planteaba José Revueltas en su Manifiesto de Huelga de Hambre en 1969: “¿Por qué se ha perseguido, por qué se persigue de este modo tan feroz, insensato y criminal a la juventud estudiantil desde sus primeras manifestaciones de julio de 1968 a la fecha?” Su respuesta fue: “por las mismas causas y razones que se persiguió, asesinó y encarceló a los trabajadores en 1958-59, para anular, extinguir su acción independiente, su derecho a la independencia sindical, sus aspiraciones a la libertad política”. El mismo régimen que reprimió a trabajadores en los años cincuenta y masacró estudiantes en los sesenta, está presente en la agresión a los normalistas. El Poder no perdona a quienes alzan la voz para cuestionarlo. Por ello esa saña contra los estudiantes, que son irreverentes frente al Poder, que saben alzar la voz para exigir sus derechos cuando se lo proponen. Como diría el propio Revueltas, no son “una juventud difusa, nebulosa y flotante”, son una juventud “concreta, localizable, históricamente determinada y específica”. A esos jóvenes se les han cancelado derechos fundamentales, se les han negado oportunidades para su desarrollo, pero no han podido quitarles sus ideales, no han logrado matar sus esperanzas, sus deseos, sus ilusiones, sus inquietudes, su espíritu festivo, aunque tengamos que reconocer también que en este país un alto porcentaje de jóvenes se suicidan, porque sienten que la vida no vale la pena de ser vida. Hoy la juventud, a pesar de sus muertos o precisamente por ello, ocupa el lugar de vanguardia en la lucha legítima en contra del sistema político y el modelo económico, generadores de injusticia y de profundas desigualdades. Termino con lo que escribió Revueltas para expresar su desolación por los estudiantes muertos en el 68, que se mantiene vigente: “uno hubiese querido amar, sollozar, bailar, en otro tiempo y en otro planeta (aunque se hubiese tratado de este mismo). Pero todo te está prohibido, el cielo y la tierra. No quieren que seamos habitantes. Somos sospechosos de ser intrusos en el planeta. Nos persiguen por eso; por ir, por amar, por desplazarnos sin órdenes ni cadenas. Quieren capturar nuestras voces, que no quede nada de nuestras manos, de los besos, de todo aquello que nuestro cuerpo ama. Está prohibido que nos vean. Ellos persiguen toda dicha. Ellos están muertos y nos matan. Nos matan los muertos. Por esto viviremos”. 


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