Paidea

¿Un mejor 2015?

Arturo Pérez-Reverte no es de mis autores preferidos aunque es un prolífico e inteligente escritor. En una reciente entrevista, con la periodista Carmen Aristegui, se mostró como un hombre de estos tiempos, con planteamientos y reflexiones que hicieron ver su calidad de sujeto lúcido, bien plantado frente a la realidad actual y con elementos para diseccionarla a fin de lograr su mejor comprensión. Pero Aristegui no dudó en calificar de pesimista su visión sobre la realidad presente, tanto de México como de España, cuando el escritor señala, al referirse a las protestas ciudadanas, que hoy la gente sale a las calles para ajustar cuentas, por rencor, para vengarse, y no como antes que se movilizaba para cambiar el mundo en la idea de mejorarlo, porque “había ideologías que movían al ser humano para lo mejor”. El autor español considera que la utopía ya terminó, que ya no hay tal, pues ni los niños hoy son ingenuos y “sólo los tontos o los ignorantes creen en las utopías”. Está convencido de que vivimos tiempos en los que aquellos que él llama “los malos” triunfan sobre “los buenos”, y que el mundo será de los primeros, sin mucha esperanza de que ello cambie. Frente a esto le da el carácter de analgésicos contra el dolor humano a la cultura, la educación, la fraternidad, el afecto, la lealtad, la dignidad. E insiste en que la gente sale a la calle a “denunciar canalladas”, y a pedir justicia, aunque sepan que no va a haberla.Pero deja abierto un resquicio para la esperanza, pues considera que, aunque es poco probable que las cosas cambien en México o en España, lo triste sería que nadie salga a la calle, que “todo el mundo se resignen a ser corderos, víctimas silenciosas de los canallas que siempre van a estar ahí”. Lo digno es pelear –dice- aunque al final se pierda. Deja dos planteamientos que hacen más grande el resquicio para la esperanza, con los cuales me quedo: el papel de las redes sociales que hoy hacen más difícil que “los malos” se salgan con la suya (una especie de antídoto contra la impunidad) y, por otra parte, el papel de los maestros que, bien entendido, puede ser la base para la formación de nuevas generaciones. Ojalá los maestros jóvenes asuman el reto que esto significa y se preparen en serio para enfrentarlo.A pocos días de que concluya el año 2014, debo decir que no basta con buenos deseos para lograr que el 2015 y los años que sigan sean mejores. Hay que trabajar muy duro para que ello ocurra, sin dejar de cuestionar y cuestionarnos. ¿Por qué tendríamos que aceptar que ya no hay utopía así lo diga Pérez-Reverte? No me considero ni tonto ni ignorante y, precisamente por ello, me sumo a los que como Eduardo Galeano –brillante escritor uruguayo que permanentemente desafía el pensamiento con sus textos- creen que la utopía está en el horizonte y que sirve para hacernos caminar. De igual forma, me parece vigente la idea de Pierre Bourdieu, quien entendía la utopía  como el “motor” que nos impulsa a actuar. ¡Claro que deben mantenerse las utopías y los ideales! ¡Desde luego que deben combatirse la desesperanza y la resignación! Tampoco estoy de acuerdo en que debamos considerar a la cultura, la educación, la solidaridad, los afectos, la lealtad y la dignidad como meros “analgésicos” para soportar el dolor humano. ¿Por qué no verlas como vacunas con las cuales inocular a las nuevas generaciones para posibilitar mejores tiempos por venir? Es indispensable mantener banderas izadas, formular proyectos y trabajar para concretarlos, expresar sueños, deseos y luchar por hacerlos realidad. Así seguramente tendremos un mejor 2015.  


gabriel_castillodmz@hotmail.com