Paidea

La maldición de Malinche

Con seguridad mis contemporáneos sesentones, o más, al leer el título de esta columna se acordaron de los años setenta, de la música de protesta, del Canto Nuevo, de las Peñas con grupos folclóricos y trovadores. Buena música, con letras de crítica y compromiso social.

Gabino Palomares compuso y cantó muchas veces, acompañado de Amparo Ochoa, esa canción emblemática: la maldición de Malinche. Los Folcloristas, excelentes músicos que hicieron historia, expresaron que esta composición pertenece al canto que habla “del México que nos duele por tanta desmesura entre millones de pobres y unos cuantos miles de poderosos.

Este canto es nuevo porque… canta con las voces que tomó de tantos mexicanos que aún no saben por qué son pobres”. Me acordé de esa canción que mantiene vigencia en el México de hoy y quise tomarla de referente para escribir sobre el nuevo escándalo de corrupción en el que están involucrados funcionarios mexicanos y ejecutivos de una empresa española, la OHL.

¿Cómo es posible que después de tantos años de la Independencia, hoy se siga saqueando a nuestro país con total impunidad? Y que los autores de ese saqueo sigan siendo “los hombres barbados” de los que hablaba Gabino Palomares en su canción, españoles con la complicidad de mexicanos vendepatrias.“Se nos quedó el maleficio de brindar al extranjero nuestra fe, nuestra cultura, nuestro pan, nuestro dinero. Y les seguimos cambiando oro por cuentas de vidrio.

Y damos nuestras riquezas por sus espejos con brillo. Hoy, en pleno siglo veinte (y en el XXI) nos siguen llegando rubios. Y les abrimos la casa (yo agrego que también las arcas) y les llamamos amigos”. Hay que decir que no somos todos los mexicanos los que hacemos eso.

Son unos cuantos que se han beneficiado con negocios turbios, como los que han salido a la luz en relación con la construcción de importantes vialidades en el Estado de México por parte de la empresa española OHL cuyo principal representante en nuestro país es José Andrés de Oteyza, político ligado a José López Portillo, que dejó de figurar desde 1982 en el sector público, pero que gracias a sus importantes contactos entre poderosos grupos empresariales se convirtió en la persona idónea para abrir el mercado mexicano a la OHL.

¿Por qué no se investiga a este personaje que a partir de 1978 se vinculó a negocios en materia de petróleo favorables a sus amigos españoles, llegando incluso a contribuir a la creación de la empresa Repsol, que se sabe ha perjudicado los intereses mexicanos? Aunque también se podría investigar a Emilio Lozoya, actual director de PEMEX, y a otros funcionarios. “Oh, maldición de Malinche, enfermedad del presente ¿Cuándo dejarás mi tierra? ¿Cuándo harás libre a mi gente?” 


 gabriel_castillodmz@hotmail.com