Paidea

Entre generaciones

Hace unos días escuché de parte del director general del CONACYT, al presentar un programa de otorgamiento de becas, el señalamiento de que hay que apoyar con becas a los jóvenes egresados de diversas carreras para hacer investigación o desarrollar proyectos vinculados a su campo de formación. Su argumento principal se refería a que en los primeros diez años del ejercicio de una profesión es cuando se generan las mejores ideas, más innovadoras, de mayor impacto. Desde luego que es digna de tomarse en cuenta esa opinión y debe reconocerse algo de razón en ella, pero también da margen al cuestionamiento o, por lo menos, a la posibilidad de discutir qué pasa con quienes después de 30 o 40 años de ejercer una profesión se encuentran con salud física y mental, con lucidez, con capacidad de construcción e implementación de proyectos que permitan la recuperación de la experiencia y de los conocimientos adquiridos en el campo profesional. Esto se vuelve más interesante ahora que las tendencias a prolongar los años de vida productiva se confirman. Alguien que se jubila a los 55 o 60 años tiene por delante 10 o 15 años con potencial para seguir activo, sistematizar y aprovechar lo acumulado, ¿por qué no hacerlo? Creo que por una mal entendida idea de que jubilarnos nos conduce al retiro, a la marginación, al ostracismo o a dedicarnos al entretenimiento, a la actividad física, cuando podemos aportar mucho a las nuevas generaciones que, con sus nuevos enfoques y conocimientos de mayor complejidad quizás, habrán de aprender algo de los viejos; por lo menos (y no es poco) lo relacionado con hábitos de trabajo, actitudes, formas de desempeño.
Lo anterior no implica necesariamente “seguir haciendo lo mismo”, sino participar en nuevos proyectos donde se aprovechen la experiencia y los conocimientos adquiridos en varias décadas. Los proyectos pueden ser muy variados pero orientados a lograr un vínculo productivo entre generaciones, para demostrar que es posible que convivan y luchen en una misma trinchera viejos y jóvenes. Ello mandaría el mensaje de que no hay o no debe haber querella de generaciones. Estamos en un momento del desarrollo de la historia, de la sociedad, que exige el concurso de todos.
En función de lo señalado, con plena conciencia de que estoy por entrar en la sexta década de vida, hace una semana escribí que intento  “construir un puente entre mi generación y las nuevas generaciones de profesores o de otros profesionistas…” Es algo que lancé como pretensión para escribir esta columna. Tal vez sería mejor plantearla como objetivo que se buscará alcanzar, lo cual de entrada no considero una empresa fácil. ¿Cómo hacer compatibles los intereses, los lenguajes, las perspectivas, las formas de entender la realidad, de alguien que ya está cerrando un ciclo de vida profesional con quienes apenas empiezan o tienen todavía mucho trecho por delante para recorrer? Es un reto interesante. Habrá que concretar puntos de encuentro, referencias que pueden ser comunes, pero también hacerles ver a las nuevas generaciones que no es difícil cuando se es joven tener ideales o asumir actitudes rebeldes, sino que lo difícil es mantener esos ideales,  la capacidad de asombro, de indignación y de rebeldía hasta el fin de nuestra vida.


gabriel_castillodmz@hotmail.com