Paidea

Lo electoral y la sociedad

La columna del domingo anterior generó algunos cuestionamientos de lectores, sobre todo en lo que se refiere al plan-teamiento final del voto de rechazo en las próximas elecciones.

Agradezco el tono respetuoso con que se hicieron e invito a que podamos ventilar estos asuntos de interés público, debatir sobre ellos, pues si algo hace falta en este país es discutir, analizar, cuestionar, argumentar, en torno a temas que tienen que ver con el rumbo de nuestra nación, sobre todo en esta coyuntura difícil, con serios problemas, y con una actitud de los gobernantes en la que predomina la tendencia a ignorar las demandas, reclamos, propuestas e iniciativas de la sociedad. 

Estoy consciente de la importancia del voto y la necesidad de ejercerlo.

El problema es que siempre somos los ciudadanos los que, pensando en el país, cumplimos con obligaciones, responsabilidades y compromisos. ¿Y la Clase Política? ¿De verdad piensan los políticos profesionales en los intereses nacionales o en los personales y de grupo? La mayoría de los actores de la política enfrentan hoy una profunda crisis de credibilidad; se multiplican los abusos desde el poder y los conflictos de intereses en destacados miembros del grupo gobernante, que han generado escándalos en relación a costosas mansiones; hay graves y probadas violaciones a los Derechos Humanos; persiste la incertidumbre, la inconformidad e incluso el enojo, por la falta de resultados y la pérdida de rumbo que se aprecia en la conducción del Estado.

¿Por qué tendríamos que seguir avalando todo esto con nuestro voto en una elección que se perfila muy alejada de la esencia de la democracia, que tiene que ver con la libertad para elegir?No me considero un promotor del abstencionismo, nunca lo he hecho y siempre he votado.

Pero estoy convencido que hace falta mostrar a la Clase Política el disgusto de la sociedad, que es real. Estamos padeciendo los efectos de la perversión de la política, que fue uno de los principales logros del proyecto de Carlos Salinas, al inyectar desmedidos recursos a los partidos y a las elecciones.

Ello es insultante ante tantas carencias de la población mayoritaria y no debe seguir. La sociedad debe mandar a los políticos y no los políticos a la sociedad.

La sociedad debe fortalecerse y forzar el cambio en las reglas del juego político. La sociedad debe y puede proponer o, en su caso imponer, la agenda legislativa y de gobierno. Como sociedad debemos discutir qué hacer frente a estas elecciones, pero sobre todo qué hacer después.

Si decidimos votar, hagamos valer nuestro voto y pongamos marcaje personal a gobernantes y legisladores. Llamémoslos a cuentas permanentemente. 



gabriel_castillodmz@hotmail.com