Paidea

Tiempos de reflexión

En 1969 Ayn Rand, escritora y filósofa estadounidense de origen ruso, que se dio a conocer en gran escala a partir de la publicación de las novelas El manantial y La rebelión de Atlas que atrajeron a millones de lectores, escribió  en la introducción a su obra El manifiesto romántico algunos planteamientos que hoy merecen ser rescatados para la necesaria reflexión en esta época. En este libro donde la autora busca presentar “una nueva visión sobre la naturaleza del arte y su propósito en la vida humana”, hay un alegato muy interesante sobre el Romanticismo con el cual puede uno estar o no de acuerdo, pero que indudablemente nos obliga a pensar, tarea por lo demás nada desdeñable en estos tiempos. Ayn Rand cuestiona en su texto la falta de interés en los problemas fundamentales, la superficialidad, la carencia de criterios exigentes en distintos ámbitos y la falta de respeto por el hombre, por la vida humana. La autora busca mostrar que no siempre las cosas han estado mal, que han existido etapas donde la atmósfera cultural y social ofrecían posibilidades de mayor altura y nobleza, para apropiarse de aquellos elementos que hacen la vida digna de vivirse, esto es, los ideales, las convicciones, los valores, la perspectiva de futuro. Pero ella se apresura a señalar que su interés es mostrarlo “antes de que el manto de la barbarie caiga por completo (si es que cae) y el último recuerdo de la grandeza del hombre se desvanezca en otro Oscurantismo”.A la luz de los acontecimientos en el país y en el mundo, desde los últimos años del siglo XX y lo que va del XXI, podemos pensar que ese “manto de la barbarie” de verdad cayó sobre los habitantes de este planeta, único refugio que tenemos y no hemos sabido cuidar para quienes vienen atrás de nosotros, las nuevas generaciones. ¿No son acaso actos de barbarie los que arrebatan de manera brutal la vida de inocentes, niños, jóvenes, mujeres y hombres de todas las edades, que se han vuelto cotidianos y sobre los que ya ni siquiera se informa salvo que tengan dimensiones inocultables? ¿No lo son los daños irreversibles causados a la naturaleza? Sin que ello represente una actitud pesimista, creo que estamos pasando por una especie de oscurantismo en una versión posmoderna, en virtud del poder de los medios electrónicos de comunicación que han modificado, radicalmente, la concepción de la cultura y la han llevado a una banalización extrema. Ante esta circunstancia vale la pena retomar otros de los planteamientos de Ayn Rand, que ya escribía en 1969 sobre la no aceptación de “la cloaca cultural del presente”, y la importancia de no renunciar a la valoración precisamente en el campo de la cultura. Para ello exigía revalorar el significado de la acción de pensar.   En función de lo señalado, las nuevas generaciones tienen grandes retos por delante que habrán de enfrentar con las mejores herramientas que posee el ser humano: el pensamiento, la imaginación. Hoy es esperanzador ver a amplios sectores de jóvenes cuestionar la “atmósfera cultural” que en cierto sentido les hemos heredado, para dedicarse a buscar alternativas con el uso de sus capacidades para captar y poner en marcha su propio potencial para construir nuevos caminos, que puedan conducir a la superación de la barbarie de que somos presas y del oscurantismo en que estamos inmersos. En estos tiempos que tanta gente sufre las consecuencias de actos de barbarie que se han vuelto comunes y generan dolor, es pertinente que en esta temporada decembrina de festejos y compras, hagamos un espacio para la reflexión en búsqueda de elementos para un mejor actuar. 



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