Paidea

¿Suspender las garantías individuales?

Quienes viajamos casi a diario de ciudad Lerdo a Torreón, ya nos habíamos acostumbrado a ver los retenes militares que se encontraban cerca de los puentes que dividen los estados de Durango y Coahuila, en uno y otro sentido.

De pronto dejaron de estar por unos días, volvieron a aparecer y nuevamente los quitaron sin que, a la fecha, se reinstalen. Sin embargo, es de llamar la atención que, las últimas dos semanas, hemos observado militares en distintos puntos del boulevard Miguel Alemán en Gómez Palacio, al igual que en el Parque Victoria de Lerdo, donde desde temprana hora se encuentran uniformados y con armas reglamentarias.

Pero todavía más, los días recientes al salir de mi domicilio me he topado, a unos 30 metros de la puerta, a cuatro o cinco soldados en igual condición que los señalados antes. ¿Ya cambió la estrategia de los retenes y ahora se moverán los militares por distintos puntos de las ciudades? ¿De verdad será para bien, es decir, para dar seguridad y tranquilidad a los habitantes? Me surgen dudas al respecto.

Con toda intención utilicé al principio la expresión “nos habíamos acostumbrado” para aludir a los retenes. Quizás ahora se quiera que nos acostumbremos a ver soldados caminando por las calles de las ciudades, en los parques o cerca de nuestros domicilios. La pregunta es ¿para qué? Pues ya es mucho el tiempo que han durado los militares fuera de los cuarteles, donde es su lugar.

De manera inevitable se me ocurre vincular lo anterior con un asunto que, autoridades y legisladores, han querido que pase un tanto desapercibido: la aprobación, en la Comisión de Gobernación del Congreso, del dictamen de una iniciativa de ley (a propuesta de Enrique Peña Nieto) para reglamentar el artículo 29 constitucional, con la que se busca otorgar facultades al presidente de la república para decretar la suspensión de derechos y garantías individuales en “casos de invasión, perturbación grave de la paz pública u otro que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto”.

El asunto es delicado y la decisión se toma en momentos en que México es cuestionado a nivel internacional por las violaciones a los derechos humanos que se han podido documentar, en algunos casos a cargo de las fuerzas armadas.

No abona al ejercicio de las libertades y al liderazgo del presidente de un país que se ostenta como democrático. El tema debe discutirse, con seriedad y amplitud, antes de ser aprobado en el pleno de la Cámara de Diputados. Los mexicanos debemos estar alertas ante esta grave pretensión, sobre la cual abundaremos en el próximo artículo.


gabriel_castillodmz@hotmail.com