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Más sobre Supervisión Escolar

Cumplo el compromiso de abundar sobre el tema de la Supervisión Escolar. Lo hago porque es un asunto de suma importancia, vinculado a la búsqueda, al necesario logro de la calidad educativa. Pero, además, porque será interesante ver cómo la Secretaría de Educación Pública consigue llevar, del discurso donde se destaca el valor de la supervisión, a una práctica efectiva de esa trascendente función en el terreno educativo. Me anima el hecho de constatar que algunas directrices pedagógicas, que empiezan a surgir de la cuestionada reforma educativa, rescatan planteamientos de viejos maestros mexicanos que hicieron relevantes aportes a la pedagogía y a nuestra educación, aunque no soy de los que piensa que “todo tiempo pasado fue mejor”, pero sí un convencido de lo valioso de la historia y del ejemplo de los grandes educadores que ha dado este país y que, al parecer, hemos olvidado. Por ello cité al Mtro. José Santos Valdés, educador cercano a nosotros los laguneros, quien en este tema de la Supervisión Escolar dijo, escribió y practicó cosas realmente dignas de revisarse, de hacer de ellas una lectura epistémica y no teórica, para ponerlas al día y rescatar lo que sea viable de realizar a la luz de los nuevos tiempos, los actuales contextos.En una disertación del año 1979 sobre el tema que nos ocupa, José Santos Valdés dejó delineado un perfil de supervisor que aún es vigente hoy. Plantea como condición necesaria para mejorar el trabajo en las escuelas y la calidad de la educación, que se garantice a su vez la mejora de la capacidad pedagógica de los supervisores, es decir, que se profesionalice verdaderamente su función o tarea fundamental. Ello exige a la par que se les pague como profesionales, esto es, que perciban un salario que les permita dedicarse de tiempo completo a su labor y así poder realizar las suficientes visitas a las escuelas a su cargo, con la calidad requerida, a efecto de conocer la problemática educativa de manera directa y no a través de informes de los directores. De igual forma poder adquirir y leer literatura pedagógica para enterarse de lo que se está escribiendo actualmente en materia educativa, en particular sobre aspectos organizativos, metodológicos o de recursos didácticos, entre muchos temas pero, lo más importante es desarrollar la capacidad de llevarlos a la práctica. No hay mejor forma de ganar autoridad entre los maestros que demostrar que somos capaces de realizar, en un aula y con alumnos de sus escuelas, aquello que les sugerimos que hagan. Estoy convencido que existen supervisores que hacen un gran esfuerzo para darle sentido pedagógico a su labor, pero las propias políticas de la SEP plantean exigencias burocráticas que habría que revisar, pues los mantienen tan abrumados que no tienen oportunidad de pensar, de reflexionar, sobre lo importante de la tarea educativa porque deben resolver lo urgente. Si no tienen tiempo para pensar, ¿se lo darán para escribir, para sistematizar su experiencia? Este aspecto es de relevancia hoy en día. Si el supervisor quiere superar el papel de “correa de transmisión”, de mero operario de lo que otros diseñan, debe procurarse una formación científico-pedagógica, que le lleve a desarrollar la habilidad para escribir, no sólo oficios, circulares, informes, ni siquiera contentarse con hacer instructivos o manuales, sino aspirar a escribir artículos especializados, folletos y libros con temas educativos que contengan propuestas propias. Y debe quedar claro que no se trata de una visión idílica del supervisor escolar, pues nada de lo expresado es inalcanzable. 



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