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Supervisión Escolar: el discurso y la práctica

El pasado jueves 3 de julio, el Secretario de Educación Emilio Chuayffet inauguró el Quinto Taller Nacional de Supervisores Escolares. Debo reconocer que en su discurso resalta la figura de los supervisores como pieza clave en el sistema educativo nacional y elementos fundamentales para el logro de la calidad educativa. Como discurso que se ha ido construyendo a lo largo de su gestión es impecable, pero habrá que ver qué pasa en la práctica. Aunque no le reconozco al Secretario de educación la autoridad y la formación para hablar del tema, es notorio que quien le ha escrito sus discursos en relación al asunto de la supervisión y los consejos técnicos, ha rescatado aspectos valiosos de lo ya dicho por grandes maestros como Rafael Ramírez. En mi anterior columna aludí a la importancia no sólo de los supervisores, sino de los Jefes de Sector y los directores de escuela. Hice énfasis en la necesidad de que articulen esfuerzos desde sus ámbitos de acción, con el conocimiento que tienen de las necesidades en las instituciones y las comunidades donde están ubicadas, así como de las potencialidades del personal a su cargo, de los padres y los alumnos. Sostengo lo dicho: no deben convertirse en meras “correas de transmisión” de una reforma educativa centralista y vertical. Es indispensable una mayor participación del magisterio y más apertura por parte de quienes tienen responsabilidades directivas y de supervisión.Nadie podría estar en desacuerdo con lo dicho por el secretario Chuayffet en los últimos meses al respecto. ¡Claro que la supervisión es estratégica! y es más que una simple inspección. Desde luego que no consiste en fiscalizar y que tiene que ver con el ejercicio de un papel dinámico, protagónico y constructor. El Secretario se apoya en lo dicho hace muchos años por don Rafael Ramírez sobre el tema, para hablar de que la función de los supervisores es, principalmente, apoyar el trabajo docente y la organización de las escuelas a partir de lo que llaman acompañamiento pedagógico. Yo me permito agregar que habrá que estudiar también lo que en su momento dijo el educador lagunero José Santos Valdés. En un texto titulado La Supervisión Escolar, transcrito de una conferencia sustentada en 1979, el maestro Valdés señaló que desde 1952 tuvo conocimiento de la preocupación de la SEP “por el deterioro de la calidad de las enseñanzas que impartían por esos años las primarias federales”. Desde entonces se reconocía que nuestra educación (especialmente la primaria) no ha dado los rendimientos que la sociedad espera de ella. ¿Encuentra usted alguna semejanza con lo que hoy se dice? El maestro Valdés dijo, con una gran claridad, que los males que padecemos en materia de educación, y que vienen de muchos años atrás, son una prueba de la incapacidad de la Secretaría de Educación “para poder llevar a cabo un buen trabajo de orientación, de reeducación del magisterio primario”. Actualmente se puede hacer extensivo este planteamiento a toda la educación básica, pues también en las escuelas secundarias hay serios problemas que urge atender, al igual que en preescolar aunque en menor grado.Insisto en dos cosas: 1) la responsabilidad del tipo y calidad de educación que se ofrece a los mexicanos es del Estado; 2) es totalmente aceptable darle la mayor importancia a la supervisión escolar. Pero no basta con hacerlo en el discurso. Hay que empatarlo y buscar su congruencia con la práctica, pues se ha caído en contradicciones que ya he señalado en otros textos y deben superarse. Habré de abundar en el tema en la siguiente Paideia. 



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