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Permisividad: ¿Mal de nuestro tiempo?

El Bullying se mantiene como un tema muy difundido. Sigo pensando que es excesiva la cobertura, sobre todo porque me parece inadecuado que se presenten abundantes escenas de violencia, de agresiones explícitas entre estudiantes, cuando sabemos que lo que permanece en la mente del televidente es la imagen y no el comentario que se haga sobre ella, por muy positivo o crítico que sea. Además, se están propiciando reacciones entre padres de familia que son dignas de análisis. ¿Qué piensa usted de que una madre acuda a la escuela de su hija, quien ha sufrido una agresión por parte de una compañera de grupo, acompañada de cuatro policías para intimidar a la agresora, con la complacencia de la maestra de 6º. grado y la directora de la escuela primaria, bajo la supuesta intención de combatir el bullying? ¿No debió ser abordado el caso de manera institucional, internamente, sin la irrupción de elementos de seguridad pública?Desde hace tiempo los padres de familia, con la bandera del respeto a los derechos humanos, han socavado la autoridad de los maestros y de la escuela. Las necesarias medidas correctivas son consideradas agresiones y, por lo tanto, son motivo de denuncia ante las instancias correspondientes. Esto no debe seguir. La escuela tiene que recuperar la autoridad y hacer valer el orden institucional, cuidando siempre que no haya excesos y no se recurra al castigo físico, pero sin dejar de ejercer la disciplina.En la columna anterior señalé que el concepto de autoridad se ha desdibujado, y que surgió el de permisividad. Éste se relaciona con la incapacidad para poner límites, con el “dejar hacer, dejar pasar”, que en la sociedad actual tiene que ver con que se educa a los niños en sus derechos pero no en sus deberes. Un periodista norteamericano escribió esto que me parece destacable: “muéstrenme un país de niños agresivos y os mostraré un país de padres pasivos”. De ninguna manera le sigo el juego a quienes culpan a los padres del Bullying, como antes culparon a los maestros de la mala calidad de la educación. Son problemas multifactoriales y complejos que, desde luego, no se pueden simplificar. Creo se deben impulsar acciones a nuestro alcance, más allá de la retórica gubernamental. Por ello,  en la siguiente columna abordaré  aspectos relativos al qué hacer en las escuelas, con el ánimo de ir construyendo, entre diferentes actores, posibles salidas a estos asuntos que están presentes en la opinión pública. Por ahora, termino con el señalamiento de que la permisividad es un mal de nuestro tiempo que exige ser superado, al igual que otro conocido como impunidad que ha dañado gravemente a nuestra sociedad. Vivimos en un país donde se pueden cometer todo tipo de faltas sin que se aplique el castigo o la sanción correspondiente. Los gobernantes, los políticos, pueden mentir, robar, abusar de la autoridad y no pasa nada o muy poco. Los empresarios y los líderes sindicales pueden incurrir en prácticas corruptas, lavado de dinero, evadir impuestos, sacar recursos al extranjero o especular impunemente. Así se podría seguir en distintos niveles y sectores. No se trata de una torpe generalización, sino de una situación de hecho conocida por todos los mexicanos medianamente informados. Este espacio sería insuficiente para citar ejemplos, muchos de ellos con carácter de emblemáticos. De ahí que, si vivimos en una sociedad permisiva, donde reina la impunidad, podría parecernos natural que se refleje en las familias y en las escuelas, pero sería un error conformarnos con ello. Deben combatirse por todos los medios.




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