Paidea

El otro México

¿Todavía tenemos los mexicanos capacidad de indignación? Ojalá que sí, pues lo que se ha puesto al descubierto a raíz de las protestas de los jornaleros de San Quintín, en Baja California, es para provocar indignación en el más insensible de los mortales.

¿Cómo pueden nuestros gobernantes estar presumiendo reformas “estructurales” que supuestamente llevarán a México al club de países desarrollados, y de primer mundo, cuando existen compatriotas en condiciones de verdadera esclavitud en pleno siglo XXI? Lamentablemente esta situación no es nueva, pero los mexicanos al parecer no tenemos memoria y hemos dejado que los problemas de este tipo continúen y se agudicen. Nos convertimos en cómplices por omisión.

Guardamos silencio, hacemos como que no vemos.

Porque la situación de explotación de los jornaleros es histórica, es muy grave; y si se trata de indígenas, además de migrantes, son los marginados de los marginados.  

San Quintín es sólo una muestra del nivel de injusticia y desigualdad que existe en este país. La pretendida modernidad y competitividad, que se pregona ante el mundo, no puede seguir siendo a costa de mexicanos que trabajan y viven en condiciones deplorables en los campos agrícolas, con total ausencia de seguridad social, sin contratos laborales, carentes de prestaciones mínimas y vivienda digna. Y esto es así por el contubernio de autoridades y patrones que no respetan los derechos laborales y humanos.

Esos jornaleros sostienen una “exitosa” economía de exportación con sus salarios de hambre y a riesgo de su salud, al estar en contacto con pesticidas sin protección alguna.Ese es el otro México, muy distinto al mundo feliz, casi el paraíso, en el que vive nuestra Clase Política y gobernante.

Es el de los peones acasillados (como en el porfiriato) que trabajan de sol a sol por sueldos miserables y sin servicios médicos, frente al de los diputados y senadores que sin trabajar o al menos sin hacer lo que debieran en beneficio de sus representados, reciben altos ingresos, seguros de gastos médicos y otros privilegios; es el México de los jornaleros que padecen terribles injusticias, frente al de los magistrados que perciben sueldos millonarios sin procurar e impartir justicia, por lo menos no para los de abajo.

Es el México de los niños jornaleros sin futuro, sin educación, que trabajan como adultos por una miseria, frente al de los juniors derrochadores, hijos de líderes sindicales, dirigentes partidistas y políticos de todos los partidos, que hacen ostentación de riqueza y derrochan lo que no les ha costado ganarse. Ese es el otro México que ya no queremos. Insisto: ¡Ya basta!  


gabriel_castillodmz@hotmail.com