Paidea

Lecciones de la elección

Uno de los signos de nuestro tiempo es que la información envejece con rapidez. Los temas pierden vigencia, surgen nuevos que a su vez se hacen viejos y así por el estilo. No obstante, hay asuntos que exigen ser ampliados en función de su real o supuesto impacto en la sociedad. Es el caso de las elecciones efectuadas el pasado 5 de junio y acerca de las cuales se ha informado suficientemente, de ahí que la idea en esta colaboración es tratar de precisar algunas de las lecciones que nos ha dejado la jornada electoral del domingo.

Lo primero que deseo destacar es que la vía electoral no está agotada en este país. Frente al alto nivel de malestar, de crispación social, con brotes focalizados de violencia como salida a los problemas y a las inquietudes de la gente, hoy las elecciones han jugado un papel de válvula de escape. El llamado mal humor social, que no es otra cosa que la inconformidad, el descontento de los ciudadanos por la falta de respuesta a sus demandas, aunado a la irritación que generan los malos gobiernos, la corrupción y la impunidad, ha encontrado un cauce y con ello se ha aminorado –al menos temporalmente- el riesgo de que pudiera encaminarse el malestar generalizado hacia una salida violenta que a nadie conviene, con la que todos perdemos.

Una lección más es que cuando la gente sale decidida a votar, cambia la indiferencia por la participación o pierde el miedo, se convierte en el motor del cambio. Es indispensable tomar conciencia del valor de la credencial de elector en circunstancias como las que se viven en el país, pero especialmente frente a los excesos cometidos por algunos gobernadores. Los ciudadanos hicieron posible la alternancia en estados con pésimos gobiernos como Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua, o en entidades como Durango donde se secuestró la política para beneficio de un grupo cerrado, se dio la espalda a la población y se tomaron decisiones equivocadas.

El problema de lo señalado es que, aunque significa un avance, no es suficiente con el cambio de partidos o de personas. Lo que se requiere es un cambio de rumbo, una transformación radical en la manera de hacer política, en la forma de gobernar. Hay una urgente necesidad de que los gobernantes se acerquen a la gente, la escuchen, la atiendan y resuelvan sus problemas. Deben entender que son mandatarios porque el pueblo es el que mandata y que éste, al parecer, ya aprendió el camino. Si no cumplen hay que llamarlos a cuentas, impulsar la revocación de mandato, e ir logrando el verdadero empoderamiento de la ciudadanía. Hagamos efectivas las lecciones de esta elección.


gabriel_castillodmz@hotmail.com