Paidea

Lecciones de Ayotzinapa

En algunos escritos del Mtro. José Santos Valdés, publicados en varios periódicos, en distintos momentos, aparecen señalamientos que dan cuenta del mal trato que han recibido las Normales Rurales desde hace más de 50 años. Seguramente el maestro Valdés, comprometido con esas instituciones formadoras de docentes, habría alzado la voz y sumado su reclamo al de miles y miles que hoy quieren de vuelta, Y VIVOS, a los estudiantes normalistas de Ayotzinapa. De entre las muchas expresiones del maestro que pude leer, destaco una que me ayuda a entender las lecciones que nos ha dejado este caso que ha sacudido a la Nación: “se puede hablar de pobreza con dignidad”. Debemos reconocer que Ayotzinapa nos ha enseñado que no todo está perdido en este país, que los mercaderes de la política no en todas partes pueden comprar voluntades, que desde la pobreza (que es el estado visto como natural a partir de que nacen los normalistas rurales en ambientes de carencias y abandono) se puede alzar la voz, dando la cara con la frente en alto, para exigir al Estado que cumpla con sus obligaciones constitucionales, aunque en ese exigir lo que por derecho les corresponde se ponga en riesgo la integridad. Se puede perder la vida, pero no la dignidad.Ayotzinapa nos ha enseñado que sí tiene sentido, en la práctica, una frase que utiliza cierto político mexicano: “Sólo el pueblo puede defender al pueblo”. ¿Quién si no, hoy por hoy, está exigiendo justicia en el caso de los normalistas y defendiendo sus instituciones? El pueblo. Y estos jóvenes que a él pertenecen, tienen en las Normales Rurales prácticamente la única oportunidad de estudiar una carrera, y conseguir con ello un trabajo que les permita aspirar a mejorar las condiciones de vida de sus familias. Hoy nos están dictando la lección de por qué debemos defender la educación pública, precisamente en estos tiempos en que los neoliberales se han encargado de denigrar lo público y ensalzar lo privado, de limitar al Estado y favorecer el Mercado. Si históricamente la educación ha sido privilegio de pocos, hoy sabemos que se ha consagrado en la Constitución como Derecho Humano y Social. Por ello debemos apostar por la universalización de ese derecho y así posicionarnos a favor de la igualdad de oportunidades. Defenderlo, ya lo he expresado antes, es considerar que la dignidad del ser humano es inalienable y que toda persona debe disponer de posibilidades para desarrollar sus capacidades y potencialidades, para entender el mundo en que vive y prepararse para servir a la sociedad y mejorar su nivel de vida.   Los jóvenes de Ayotzinapa nos están enseñando que los derechos no se mendigan, se lucha por ellos; que en materia educativa los mexicanos tenemos derecho a discutir sobre el modelo de educación y escuela pública que conviene al país, pues se trata de hacerla más pública. Este tipo de escuela se concibe como un servicio público del que nadie debe ser excluido, pues se financia con fondos también públicos provenientes de los impuestos de los ciudadanos, y no precisamente de los más ricos ya que éstos los evaden. No son cosa menor estas lecciones de Ayotzinapa. Podemos aprender a levantar la voz como ciudadanos, a cerrar filas, a hacer causa común para poner un alto a la Clase Política, para evitar que los gobernantes hagan y deshagan a su antojo, para exigirles cuentas y hacerles ver que el pueblo cuando se decide puede mandar de verdad. Gracias a los jóvenes por sus lecciones. 



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