Paidea

Intromisión

Hace unos días el historiador Adolfo Gilly publicó, en un importante diario de circulación nacional, un texto donde expresa su extrañeza por las declaraciones del Secretario de Educación, Aurelio Nuño, respecto a que los maestros de la Sección 22 “deben liberarse” porque cada vez le tienen menos miedo a sus dirigentes sindicales.

Gilly, maestro emérito de la UNAM, enfatiza lo desafortunado que resulta que un funcionario con Maestría en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Oxford, crea que los maestros mexicanos, particularmente los de Oaxaca, se movilizan porque le temen a los dirigentes.

A esto me refería en la colaboración anterior cuando aludí a la intromisión gubernamental –vía Nuño- en el gremio magisterial, aunque se trate de una Sección considerada disidente o precisamente por eso.

He decidido apoyarme en lo escrito por un investigador, politólogo y académico de excepción, para hacer notar que la posición crítica que he expresado en otros textos sobre el Secretario de Educación, no obedece a una animadversión personal sino que responde a la necesidad de fijar una postura de rechazo a planteamientos y actitudes inaceptables para nosotros.

Coincido con Gilly en que la declaración, aparte de significar una ofensa a las maestras y los maestros oaxaqueños –y que puede hacerse extensiva al magisterio nacional-, refleja no tanto desconocimiento, sino cierto menosprecio hacia una profesión, con identidad, aunque también presa de intereses políticos.

El señor Nuño, hombre cercano a Carlos Salinas, sabe que él y su partido hicieron a un lado a Carlos Jonguitud para encumbrar a Elba Esther Gordillo en el SNTE; le permitieron hacer y deshacer en educación a cambio de favores políticos, situación que se prolongó con el PAN. La intromisión, entonces, no es nueva; ha sido una práctica histórica de los gobiernos priistas.

Esto lo conoce muy bien el actual Secretario de Educación, pues cuenta ya en su biografía haber sido, desde que fue Coordinador de Educación en el equipo de transición del presidente electo Peña Nieto y después como Jefe de Oficina de la Presidencia, el diseñador de la caída de Gordillo.

La ejecución se la encargaron al “chico malo” Chuayffet y a la PGR.Es evidente el interés de Nuño en frenar toda oposición y congraciarse con los empresarios. De ello depende perfilarse como precandidato a la presidencia de la república, al afianzarse en su carácter de delfín salinista.

¿La educación vista como trampolín político justifica la intromisión? ¿La preocupación por nuestros niños volverá a quedar en demagogia? 


gabriel_castillodmz@hotmail.com