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Internet, redes sociales e insurgencia social

En la columna anterior traté el tema del internet en relación con la censura y con la cultura. Veíamos que fundamentalmente es una herramienta, es un medio, y no me queda claro que se esté obteniendo de él el mejor provecho. Pareciera que se ha convertido en un fin en sí mismo o en un recurso destinado al mero entretenimiento para un alto porcentaje de cibernautas en nuestro país, mientras en otras latitudes ha servido para cimbrar las viejas estructuras de poder en distintos regímenes dictatoriales. Las redes sociales lograron contribuir de manera decisiva en la caída de algunos gobiernos, en lo que se conoce como la Primavera Árabe.
Me parece necesario poner en su justa dimensión lo que ocurrió en países como Túnez, Egipto o Libia, y el papel de las redes sociales, que en ciertos momentos se ha sobrevalorado. Nadie desconoce que el aislamiento al que estaban sometidos los países árabes se fue superando con la globalización tecnológica que posibilitó la eliminación de fronteras geográficas. El innegable avance del Internet y de las redes sociales vino a transformar, a  revolucionar los sistemas de comunicación y a generar un intercambio continuo y masivo de información con el exterior. Gracias a ello la sociedad árabe, y en particular los jóvenes, tuvieron a su alcance medios que hicieron posible evitar la censura y los controles que tradicionalmente ejercían los regímenes. Se construyó entonces un nuevo escenario, donde  pudieron organizarse, compartir opiniones dentro y fuera de cada país, convocarse, denunciar abusos de los gobiernos a través de mecanismos y recursos que lograron la proyección mundial. Generaron las condiciones para recibir apoyos, asesoramiento, solidaridad, expresados de diversas maneras desde el extranjero. Todo ello gracias, indudablemente, a la herramienta del Internet, al uso inteligente, con intencionalidad sociopolítica de las redes sociales. Pero también es de resaltar que las grandes movilizaciones, que finalmente lograron derribar gobiernos, no hubieran sido posibles sin existir ciertas condiciones previas y sin la firmeza de los ciudadanos en mantener la lucha hasta alcanzar los objetivos.
Es claro que la insurgencia social y los consiguientes cambios políticos en los países árabes no fueron resultado de la casualidad o de la magia del internet. Se fueron gestando silenciosamente por años y la inconformidad latente, producto de las grandes diferencias sociales, la corrupción, el abuso de poder, la falta de libertades, las limitaciones a los derechos básicos y la ostentación y privilegios de la clase política, sólo requería un detonante y un medio para que los ciudadanos salieran a la calle. En contraste, algo pasa en nuestro país, pues las redes sociales no logran un impacto efectivo para la necesaria resistencia civil frente a las decisiones centralistas y autoritarias del actual gobierno, que son lesivas para la mayoría de la población. Siguen los aumentos a la gasolina, el desempleo, las reformas al gusto de los poderosos, y pareciera que no pasa nada. No basta con saturar las redes sociales con expresiones catárticas, de desahogo, a través de chistes y maledicencias, como buenos mexicanos, pero sin ir más allá. Se requiere unir el coraje cívico al potencial de las redes sociales a partir de su uso inteligente, para hacer sentir que los ciudadanos también existimos.


gabriel_castillodmz@hotmail.com