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Internet, censura y cultura

Soy un convencido de la importancia que tiene la libertad de expresión, del valor de su ejercicio y, por lo tanto, me opongo firmemente a cualquier intento de limitación y, peor aún, de censura o supresión, sobre todo si viene de los grupos de poder, actuando bajo la figura del Estado. Pero también debo decir que el caer en excesos es de igual forma cuestionable, aunque entienda que son preferibles los riesgos de la libertad de expresión a propiciar que se abra la puerta a las tendencias autoritarias. Este es un tema que se vuelve a poner de actualidad por la controvertible iniciativa de leyes secundarias en materia de telecomunicaciones, que ha dado margen a un amplio debate en el Congreso y entre diversos sectores sociales, debido a lo que se considera un atentado contra el uso del internet.
Hay especialistas en la materia que señalan la existencia de imprecisiones en la iniciativa, que dan margen a la censura y al eventual bloqueo de acceso a contenidos, aplicaciones o servicios por orden de alguna autoridad, pero sin la definición clara de criterios, lo que puede llevar a decisiones arbitrarias. Más aún, está latente el riesgo de que bajo el pretexto de la “seguridad nacional” o la “seguridad pública”, se anule la red en un evento masivo, en una manifestación, lo cual iría contra los derechos de los ciudadanos a comunicarse, a denunciar cualquier atropello o abuso e incluso el de los periodistas a informar al público lo que acontece en el momento. Por ello hay que estar alertas, aunque algunos medios, electrónicos principalmente, hagan eco de las declaraciones de líderes parlamentarios en el sentido de que no hay tal intención de censurar. Todavía no está concluido este delicado asunto.
Pero señalaba al principio que también es cuestionable caer en excesos al hacer uso del Internet. A través de él se tiene acceso a lo mejor y lo peor. Lo usan para intercambios las redes mafiosas y criminales, se realizan especulaciones financieras, se trafica con personas y muchas cosas más altamente negativas. Pero, por otra parte, por medio de él se pone a disposición de jóvenes y adultos una increíble cantidad de información y de conocimientos. El Internet ha creado unos bienes cognitivos comunes y ha abierto la posibilidad de gozar gratuitamente de bienes culturales hasta ahora de pago, que se han vuelto accesibles a todos. Además, estoy de acuerdo en que el internet puede incentivar la participación ciudadana, puede dar lugar a que la población se interese en los asuntos públicos, pero lamentablemente también da entrada a la chismografía, al escándalo, la frivolidad, la vulgaridad, y todo en un afán de búsqueda de entretenimiento. Así se desvirtúa el potencial del Internet, de las redes sociales, pues al tener ese poderoso medio a nuestra disposición nos sentimos con derecho a opinar acerca de todo y sobre todos. Lanzamos juicios lapidarios, hacemos escarnio, ridiculizamos a otros, muchas veces bajo la sombra del anonimato. Esto y los abundantes chistes que circulan dejan en segundo plano las ideas o propuestas que pudieran ayudar a cambiar este país.  Me parece que estamos desaprovechando esta herramienta fundamental del siglo XXI para, como dijera Edgar Morin, contribuir a la constitución de bienes culturales comunes para una futura sociedad-mundo. Hoy nos queda el reto de superar la banalización de la cultura que nos abruma.


gabriel_castillodmz@hotmail.com