Paidea

Homenaje a un normalista rural

El seis de abril de este año dediqué el contenido de esta columna al maestro Vicente Rodríguez Quiroz, por su llegada a los 50 años de ejercicio profesional y a los 70 de edad. Hice votos por la recuperación de su salud, pero lamentablemente la enfermedad que venía debilitando su organismo desde hace tiempo, dio margen para que la siempre inoportuna muerte se hiciera presente el 25 de julio pasado. Dejó muchos proyectos pendientes, no sólo en el ámbito familiar, sino en el profesional pues, aunque ya estaba jubilado como docente, tenía el impulso e interés para la investigación, para escribir y compartir sus experiencias. Por eso fue más sentida su partida, que vino a truncar una vida productiva con potencial por delante.Con el propósito de mantener viva su memoria, el viernes 17 de octubre la Asociación Civil “Miguel Quiñones Pedroza”, de egresados de la Escuela Normal Rural de Salaices, Chihuahua, organizó un homenaje al maestro Vicente Rodríguez en la Biblioteca José García de Letona de Torreón. Asistieron en un importante número familiares, amigos y compañeros de escuela. Fue un emotivo encuentro de normalistas, egresados de diferentes Escuelas Normales Rurales, algunas ya extintas. Un merecido homenaje a un maestro que sigue siendo un referente ético y ejemplo a seguir por las nuevas generaciones de docentes. En el actual contexto, donde la impunidad ha posibilitado que seamos testigos de atrocidades, de actos de barbarie, es urgente un replanteamiento serio del modelo económico, del tipo de sociedad y del rumbo del país. Por ello, el homenaje al maestro Vicente Rodríguez no sólo es un reconocimiento a la trayectoria y la valía de un hombre como él, de principios, comprometido, caracterizado por su honorabilidad y congruencia, lo que lo convirtió en alguien que dignificó la profesión, sino que dicho homenaje adquiere la dimensión de una revaloración del normalismo rural que representó y una reivindicación de la filosofía de esa tradición educativa que, junto con la universitaria y la politécnica, han sido soportes del sistema educativo, aunque las autoridades no lo quieran reconocer. Y porque, como se ha dicho, el honrar honra pero además compromete, el acto fue también una muestra de solidaridad con los normalistas de Ayotzinapa y de exigencia de justicia. Nuestro compromiso con el normalismo no es de ahora, pero habrá que insistir en su defensa y en la demanda de que en lugar de reprimir a los estudiantes, se les dote de mejores condiciones para su formación y se les garantice un trabajo bien remunerado que posibilite una vida digna para ellos y sus familias.Vicente Rodríguez no solo fue un docente destacado, sino un hombre culto, preocupado por el deterioro de la condición humana y no sólo del país, con inquietudes sociales, solidario con el pueblo necesitado al que siempre sirvió. Por ello, no dudo que hoy estaría haciendo una lectura crítica de la realidad y sumado a las demandas de justicia para el caso Ayotzinapa. Estaría contento de ver a tantos jóvenes en solidaridad con los normalistas; jóvenes que hoy nos están poniendo el ejemplo a los maestros en cuanto a luchar por la defensa de la escuela pública. Es hermoso ver el resurgimiento de una juventud crítica, cuestionadora, dispuesta a manifestarse para hacer escuchar su voz y repudiar los intereses que representan quienes hoy nos gobiernan. ¡Gracias maestro Vicente por haber sido de lo mejor del normalismo rural y servir de vínculo con el movimiento estudiantil actual!  



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