Paidea

Evaluar el Sistema Educativo

La semana pasada escribí sobre lo que llamé “regresar al oficio de educar”, bajo una lógica artesanal-artística. Lo expresado no fue un planteamiento ingenuo, ni producto de un arranque de nostalgia por el pasado, al recordar a maestros como Rafael Ramírez o José Santos Valdés.

En todo caso fue resultado de la inquietud, de la preocupación que genera la toma de conciencia respecto al problema de la calidad de la educación en México, a pesar de que reformas van y reformas vienen, sin que en verdad se aprecien avances notorios al respecto de esa calidad. Hay estudios que señalan que la cuestión en educación no pasa solamente por un problema de nuevos o mejores métodos, ni siquiera de criterios didácticos renovados.

Lo que existe es toda una estructura funcional burocrática, tecnológica y política que debe ser revisada si lo que deseamos es modificar la escuela “para que sirva”.

Esto que pudiera parecer una expresión dura o incluso injusta, tiene que ver con la concepción que actualmente se tiene en la sociedad de la función de la escuela.

Esta situación no se va a resolver sólo con la evaluación a los maestros, tema que ha vuelto a ocupar grandes espacios en los medios los últimos días.

Surgen aquí algunas preguntas: ¿No son los maestros y las escuelas partes de un todo, llamado Sistema Educativo? ¿Qué tipo de relación se da entre esas partes y el todo? ¿Hay una verdadera articulación y conocimiento entre instituciones educativas? ¿Se puede hablar de una sobredeterminación del Sistema por encima de las escuelas? ¿Existe todavía exceso de subordinación de las escuelas a la lógica del Sistema? Estas son preguntas que deben revisarse a la luz de la actual reforma educativa y lo que ha venido ocurriendo en otros países.

Contrario a las tendencias descentralizadoras en otras partes del mundo, la reforma de la educación mexicana se caracteriza por la vuelta al centralismo, esto es, por el regreso al viejo esquema de subordinación, de las escuelas, al cumplimiento de los sentidos que las élites económicas y políticas quieren dar a la educación.

Más aún, se plantea la necesidad de eficiencia y eficacia en esa subordinación. ¿No le parece excesiva la pretensión? Lo anterior, algunos teóricos lo llaman “impedimento a la creatividad pedagógica”, aspecto que debiera estimularse en los maestros y no bloquearlo con amenazas.

Cecilia Braslavsky, por ejemplo, nos dice en su libro Re-haciendo las escuelas, que la unidad más apropiada para los cambios educativos ya no es el aula sino la escuela, pero como parte de un sistema diferenciado que debe ser sometido a revisión.

Urge la evaluación del Sistema Educativo Mexicano como totalidad. 


gabriel_castillodmz@hotmail.com