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Evaluación, calidad y pensiones II

Hace unos días un funcionario de cierta dependencia en Durango, al comentar el tema de las evaluaciones, me confió que su hermana mayor, maestra con buen número de años de servicio, a quien considera que ha sido muy buena (“de las de antes”) al frente de los grupos que ha atendido, se ha visto en una circunstancia que a estas alturas de su carrera profesional no se hubiera imaginado que ocurriría.

Ha descuidado el trabajo con sus alumnos por la presión que le representa el asunto de la evaluación.

El tiempo que debía dedicar a la preparación de su clase, lo ha dedicado a prepararse para el examen; la deficiencia en cuanto a habilidades para el manejo de la computadora (pertenece a una generación anterior a los jóvenes de la era digital), aunada a las fallas en el sistema que la SEP ofrece para “subir las evidencias”, le ha provocado una angustia que afecta su rendimiento, además del estrés generado por la incertidumbre respecto a los resultados de la evaluación y sus consecuencias.

El ejemplo anterior se replica en muchas otros maestros -que los hay- con excelentes resultados en sus grupos y que se sienten atemorizados.

El modelo evaluativo que hoy se está aplicando no garantiza de ninguna manera la calidad educativa. ¿Por qué tiene el maestro que “subir” evidencias de su trabajo y de los aprendizajes de sus alumnos? Es una práctica que se puede viciar fácilmente y llevar a la simulación.

¿No es tarea de los directores y supervisores visitar los grupos y constatar, a través de la aplicación de instrumentos diversos, la calidad del trabajo de los maestros y los aprendizajes de los alumnos? ¿No es responsabilidad de la SEP proveer la adecuada formación para ello? Se requiere desburocratizar la función directiva y de supervisión, para volver a asumir el liderazgo académico y propiciar el acompañamiento pedagógico, a la par de recomponer los programas de formación permanente del profesorado.

Además de lo anterior, quiero insistir en la necesidad de que los maestros, y los trabajadores de otros sectores, analicen el sentido de los cambios en el régimen de pensiones, las consecuencias que tendrán para las nuevas generaciones.

Un especialista en estos temas se pregunta: ¿Cuál va a ser el destino de los jóvenes, que con tanta inestabilidad laboral y tan bajos salarios afrontarán un futuro pensionario mínimo o nulo? Este debe ser el centro del debate.

La afectación que viene es para todos los trabajadores. 


gabriel_castillodmz@hotmail.com