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Escuelas de Tiempo Completo

Algunas acciones de protesta protagonizadas recientemente por un grupo de maestros, que forman parte del Programa de Escuelas de Tiempo Completo (PETC) en La Laguna de Durango, fueron motivadas por la molestia que generó el retraso y el incumplimiento en el pago de la compensación que les correspondía por el tiempo trabajado. Esa circunstancia me da oportunidad de hacer algunos comentarios sobre ese interesante programa, que se ha presentado como uno de los principales de la actual propuesta gubernamental en materia educativa.
Lo primero que puedo decir es que un programa de esa naturaleza debe concitar la aceptación, la simpatía de los padres de familia y el respaldo de las autoridades comunitarias, dadas las características que reúne. ¿Quién puede estar en desacuerdo con la posibilidad de que se trabaje con un enfoque de educación integral, tal como lo establece el artículo 3º. de nuestra Constitución? ¿Cómo oponernos a que se busque poner énfasis a una formación humanística? Los objetivos del PETC son totalmente aceptables, como los de muchos programas y proyectos educativos, que se anuncian a nivel nacional o estatal sin que existan las condiciones necesarias y suficientes para su implementación exitosa. Por ejemplo, ¿Qué pasó con la obligatoriedad de la educación preescolar? Simplemente se dio marcha atrás por falta de presupuesto para generar plazas de educadoras, sin importar que se hubiera anunciado “con bombo y platillo”. ¿En qué ha quedado el ofrecimiento gubernamental del Bachillerato obligatorio? No vemos ningún avance real para cumplir con ello. Lo que al parecer falta, tanto a nivel federal como estatal, es voluntad política para cumplir con los programas que se ofrecen y que son indispensables para la mejora de la calidad educativa. Se requiere la decisión al más alto nivel para atender lo que establece la UNESCO y la Constitución Mexicana en cuanto a la asignación de presupuesto para la educación, lo que permitiría la ejecución puntual de los programas ya publicitados.
Vuelvo con el PETC. Es un programa que plantea trabajar, además de las asignaturas básicas que están en el Plan de Estudios oficial, la enseñanza de una segunda lengua, el manejo de las tecnologías, la educación física, la educación artística, técnicas de estudio, regularización de alumnos con dificultades en alguna materia, apoyo en realización de tareas, la mayor interacción y convivencia entre alumnos, el fortalecimiento del vínculo con la familia y la comunidad, entre otros aspectos. Visto así parece interesante y ambicioso, pero es ineludible preguntar: ¿Existen las condiciones en el país, y en particular en el estado de Durango, para la exitosa implementación de este programa? En lo relativo a infraestructura de las escuelas participantes, ¿se cuenta, además de aulas suficientes, con comedor, sala de cómputo, espacio de usos múltiples e instalaciones deportivas, por lo menos? En cuanto a personal, ¿hay la garantía de presupuesto suficiente para el pago puntual a los maestros de grupo, la contratación de especialistas y la capacitación pertinente para el adecuado desempeño? ¿Cómo garantizar la enseñanza de una segunda lengua si el programa de inglés en Durango tiene graves insuficiencias? El problema de pago que enfrentaron los maestros de Gómez Palacio que participan en el PETC, puso en evidencia que hay otros rubros que no se han atendido y que ponen en riesgo la viabilidad del programa. Habrá que ver cómo actúan las autoridades para resolverlos.



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