Paidea

Empezar a cambiar desde las escuelas

Desde hace tiempo aprendí, y considero que sigue siendo válido, que en el terreno educativo ninguna reforma puede tener éxito si no se hace con los maestros. También que un elemento fundamental para que verdaderamente ocurra un cambio en las escuelas, es el liderazgo de directores, supervisores y jefes de sector. La participación convencida de los docentes y el liderazgo académico de quienes tienen la responsabilidad de dirigirlos, pueden lograr mucho más que cualquier reforma educativa en el papel -así sea éste la Constitución- o que cualquier reglamentación y normatividad por más intimidante que pretenda ser.
Lo anterior se plantea como una convicción personal desarrollada en el ejercicio profesional y porque, a lo largo del mismo, he conocido muy buenos directores de escuelas primarias y secundarias que logran excelentes resultados, en su ámbito, con un adecuado desempeño y el concurso del personal bajo su coordinación. De igual forma hay supervisores y jefes de sector que rompen el cartabón de la tarea burocrática, del desgastante y en ocasiones improductivo trabajo meramente administrativo, para propiciar acciones de mayor carga pedagógica, de carácter académico. Lamentablemente no son la mayoría, pero es importante destacar que los hay y que se puede incrementar el número para, con ello, estar en condiciones de hacer efectivo el cambio en las instituciones educativas, pero un cambio de fondo y no sólo de forma.
Estos son temas que parecieran repetirse, pero que habrá que seguir machacando sobre ellos. Actualmente se sigue debatiendo la reforma educativa, que se espera concretar a partir de la llamada “armonización” de las leyes secundarias en las entidades de la república. ¿Qué significa eso? ¿En qué se va a traducir desde el punto de vista pedagógico? Todavía no queda claro. Pero considero que se vive una coyuntura excelente para avanzar hacia la mejora del quehacer docente desde las propias escuelas, a partir de reconocer que no estamos conformes con nuestras instituciones escolares y que necesitamos re-hacerlas, según expresión de la investigadora argentina Cecilia Braslavski. Pero para re-hacerlas o, si se quiere, reinventarlas, es preciso recuperar, para replantear o reinventar, las escuelas de pensamiento. No es algo inalcanzable, es factible. La revisión de los paradigmas educativos es una necesidad y habría que preguntarse: ¿cuál es el que sustenta la actual reforma de la educación en México?
No es una pregunta ociosa. Desde ella se puede propiciar la indispensable discusión sobre el rumbo de la educación, las características de nuestras escuelas y la función de los docentes. Y esa discusión debe darse en las propias instituciones, con los principales sujetos protagónicos, partiendo de la idea de que su principal razón de ser es la formación de personas. Esto no se debe perder de vista, pues es un asunto fundamental dentro de cierto paradigma sobre el que más adelante habré de argumentar. Por lo pronto comento, como algo digno de resaltar, que algunas jefaturas de sector del nivel primario en Gómez Palacio, Durango, están abriendo espacios para la reflexión, para la formación, tanto de maestros como de directivos, en la lógica de lo que aquí se ha planteado. Sobre un caso concreto escribiré la próxima Paideia. Invito a maestros y directivos a realizar comentarios o propuestas.


gabriel_castillodmz@hotmail.com