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Educación: centralismo y autogestión

Está por concluir el ciclo escolar. No ha sido nada fácil. Se ha trabajado con nuevos esquemas y normatividad que privilegia lo laboral. Hay incertidumbre por los múltiples rumores que ello genera y así no se puede construir un ambiente productivo en lo pedagógico. En días pasados pude conversar con algunos supervisores, directores y maestros sobre el trabajo en el fin de cursos. Los noté presionados, cada quien en su nivel con cierto grado de angustia y en el intento de comprender el nuevo contexto. Coincidieron en quejarse de una mayor carga de trabajo, que no necesariamente se refleja en mejores aprendizajes de los alumnos. Además, me di cuenta del desconcierto  que existe en funcionarios de dependencias encargadas de la educación y la cultura en el estado de Durango, porque a estas alturas del año 2014 no les llegan los recursos federales para la operación y el consiguiente cumplimiento de los programas bajo su responsabilidad, situación que también padecen otras entidades según ellos mismos pudieron indagar. Esto que pudiera parecer anecdótico es algo que merece la pena tratarlo con más cuidado. Estamos en el sexto mes del año, al final del ciclo lectivo, y la federación no ha radicado los suficientes recursos para atender áreas tan importantes como la educación y la cultura en las entidades, lo cual resulta increíble. ¿Es esto efecto de la Reforma Educativa o se trata de saber qué tanto aguantan los estados sin el apoyo del gobierno federal? Hay programas detenidos y otros funcionando con limitaciones. ¿Es así como se piensa mejorar la educación y la cultura en nuestro país? ¿Dónde quedó el federalismo o por lo menos la descentralización? Se confirma de manera indudable el retorno a un centralismo cuya intención de fondo no se alcanza a entender del todo. ¿Se busca acaso retomar el control de los gobernadores por medio de la entrega o retención de los recursos? No es válido hacerlo a costa de la población beneficiaria de servicios. Por lo menos en el sector educativo es reprobable que se utilicen criterios políticos sobre los pedagógicos, pues ello provoca un serio e irreversible daño a la educación de los niños y jóvenes mexicanos que fueron tomados como la razón fundamental para implantar la “reforma educativa” de este sexenio. ¿Ya se les olvidó la campaña mediática a favor de los alumnos de nuestro sistema educativo para imponerla? Lo que no debe olvidarse es que la educación no se mejora con discursos sino con acciones efectivas del Estado, que incluyen sobre todo la asignación de recursos y su puntual entrega a los gobiernos estatales. De no ser así, no sólo regresamos al centralismo sino a los tiempos de la más pura demagogia de viejo cuño.Frente a lo señalado, estoy convencido que el cambio educativo real sólo será posible con la participación de los verdaderos protagonistas. Por ello es importante que los jefes de sector, supervisores y directores impulsen en el sentido correcto la autogestión pedagógica;  que no se asuman como meras correas de transmisión de una reforma educativa vertical y centralista. Ellos conocen las necesidades y el potencial en sus sectores, zonas y escuelas. Deben asumir el rol de líderes académicos y hacer una alianza estratégica con los maestros y padres de familia, para beneficio de los alumnos. Su función habrá de ser de estímulo, de acompañamiento, de asesoría, para aprovechar al máximo el talento, la iniciativa, la experiencia de los profesores, sobre todo de aquellos que son líderes naturales en el trabajo académico. Es una vía que hay que explorar. 



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