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Durango: apostar por la educación

Me gusta escribir acerca de la educación y sobre la función de los maestros. No soy un experto en esos asuntos, pero han sido materia de trabajo por un buen número de años y temas de estudio constante, lo que me ha dado algo de experiencia y conocimiento. No obstante, qué difícil resulta pretender dar un consejo a los nuevos maestros o hacer sugerencias a alguna autoridad educativa, pues no siempre quieren escuchar o no consideran que se tengan las credenciales adecuadas para ello. Difícil también hablar o escribir en primera persona, desde la propia experiencia, pero hay que hacerlo, en el entendido que ello compromete. Sin embargo, no basta con intervenir sólo por escrito en estos asuntos que son públicos, pues pudiera considerarse una cobardía escudarse en las páginas de un periódico, cuando se requiera cuestionar o externar críticas a la autoridad, tanto oficial como sindical, ya sea por decisiones mal tomadas, muestras de ineficacia u omisiones que afecten a terceros y al buen servicio educativo. Por ello asumo que es necesario ACTUAR en los diversos ámbitos que comprende la educación, lo cual nos exige formación a los maestros, pero también a los funcionarios y los políticos que toman decisiones en ese terreno.Desde hace varias décadas formo parte del sistema educativo en el estado de Durango, en calidad de docente, directivo e investigador, en distintos momentos. Con cierto conocimiento de lo que ha pasado en materia educativa en los últimos años, puedo afirmar que la educación duranguense no vive su mejor momento. Hace falta un proyecto claro en ese campo, que sea propio para la entidad aunque, desde luego, se apoye en la propuesta federal. Pero sobre todo hace falta que se desarrolle eficientemente y se le dé continuidad. Digo esto porque existe la percepción de que la agenda educativa no es prioritaria para la presente administración, tomando en cuenta los constantes cambios de titular de la SEP en Durango, y el creciente anquilosamiento que padece esa dependencia en la capital y en la subsecretaría correspondiente a la región lagunera, excesivamente burocratizadas, con estructuras viciadas sobre todo en los niveles intermedios, donde hay funcionarios más interesados en crear sus propias parcelas de poder y con un desempeño cuestionable, que preocupados por contribuir a mejorar la educación pública. Claro que no se trata de generalizar, pues hay personal que cumple adecuadamente, pero una revisión cuidadosa daría cuenta de cómo operan algunos mandos medios y confirmaría que, pese a lo que se diga en contra, son los maestros de grupo, los directores, supervisores y jefes de sector, que están haciendo bien su trabajo, quienes sostienen el sistema educativo en el estado de Durango y en el país.   De acuerdo con lo señalado, es indispensable que se haga presente la voluntad política, en el más alto nivel de gobierno, para tomar medidas encaminadas a transformar en serio el sistema educativo duranguense. Lo primero es que ya no haya cambios en la secretaría de educación en lo que resta del sexenio, pues el actual titular, además de oficio político, tiene conocimiento del ramo y enfrenta el importante reto de lograr, en el tiempo que le queda como funcionario, hacer visible el proyecto educativo de Durango, determinar prioridades y delinear estrategias, que sienten las bases para que la apuesta por la educación rinda frutos más adelante. Algo ineludible es la reestructuración de la dependencia y una reorientación para privilegiar el trabajo pedagógico, por encima de las tareas burocráticas que hoy prevalecen. 



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