Paidea

Discurso estudiantil y discurso presidencial

Al cumplirse dos meses de la trágica noche del 26 de septiembre en Iguala, el pasado miércoles la periodista Carmen Aristegui entrevistó a Omar Aguilar, joven estudiante de la Normal de Ayotzinapa y uno de los sobrevivientes de la agresión cometida por los representantes del Estado en esa comunidad del estado de Guerrero. Resultó por demás interesante escuchar a un miembro del sector estudiantil, con un aspecto de sencillez en su vestimenta, en su expresión, con un lenguaje directo, sin florituras, estructurando un discurso que vale la pena analizar, porque considero que refleja el pensamiento de buena parte de la población estudiantil de este país. Planteó cuestionar a fondo el problema, partiendo del convencimiento de que el responsable de lo ocurrido es el Estado Mexicano y señaló que nunca más debe darse una lucha aislada, ni sectaria, más bien debe consolidarse un movimiento amplio surgido de una grave violación a los derechos humanos. Sostuvo que el de Ayotzinapa es un caso que llega al corazón de la gente, que se ha convertido en un símbolo, en un parte aguas, por tanta gente que también ha sufrido desapariciones forzadas, por lo que señala que solidarizarse con ellos es hacerlo con todas aquellas personas que han padecido lo mismo. Con mucha claridad señala que, como estudiantes, no creen en las instituciones que están corrompidas, que asesinan, que desaparecen personas o se hacen de la vista gorda. Anunció que se van a basar en el Art. 39 de la Constitución para sustentar su movimiento y su propuesta, de hacer por nosotros mismos lo que “ellos” no han querido hacer. Es una expresión que marca distancia con la clase política, con el grupo gobernante.Omar Aguilar, en su discurso a nombre de muchos jóvenes estudiantes, nos recuerda que la soberanía reside en el pueblo y que es necesario que se convoque a un Nuevo Constituyente, apostando a la legalidad, a la vía pacífica, para que el cambio que se busca no nos duela, ni a ellos ni a nosotros, “aunque nos odiemos”, pues nada nos garantiza hoy que el Estado modifique su forma de actuar, nada nos garantiza que el anuncio de iniciativas de reformas por venir, hará que las cosas vayan a cambiar. Las consideran simples paliativos, simples “tapaderas”, para un sistema que se está desmoronando, cayendo por su propio peso. Es un discurso fuerte, que termina señalando la importancia de demostrar que podemos hacer algo por nosotros mismos, aun reconociendo las dificultades y limitaciones.Por su parte, el discurso presidencial del pasado jueves es un discurso al estilo priísta, de promesas, cuando lo que se espera son resultados; un discurso orientado a buscar el reposicionamiento de la figura del presidente y su partido, en función del descrédito en que han caído y que les genera riesgos electorales para el 2015. Un discurso que profundiza la tendencia al centralismo autoritario, en el cual se anuncian más leyes para hacer cumplir las leyes que hoy no se cumplen; donde está ausente la autocrítica y no se toca el status quo. Un discurso que no anuncia ninguna renuncia, que mantiene intacto un gabinete con funcionarios que han probado ineficacia, sobre todo en materia de seguridad y procuración de justicia, y muy desafortunado al tomar y querer hacer propia la frase “todos somos Ayotzinapa”, cuando es obvio que él, su familia y su equipo “no son Ayotzinapa”. Definitivamente me quedo con el discurso estudiantil.


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