Paidea

¿Desencanto por lo electoral?

Desde que llegué a la edad para ejercer el derecho a votar, nunca he dejado de hacerlo. Unas veces con entusiasmo y otras no tanto, pero siempre en la idea de cumplir con esa obligación ciudadana. Hoy debo reconocer que, frente a esta elección intermedia de 2015, es la primera vez que me encuentro sin el mínimo interés por presentarme a las urnas. En pláticas con familiares y amigos me doy cuenta que no soy el único con esa actitud.

¿Qué es lo que pasa? Quizá nos invade lo que algunos politólogos vienen llamando desencanto por lo electoral o, más precisamente, por la Clase Política y por los partidos.

Sin embargo, la curiosidad me llevó a buscar el significado de la palabra desencanto y, ya sabe usted, se topa uno con definiciones escuetas en los diccionarios, que no nos ayudan gran cosa. Desencanto dice el “tumbaburros” es la “acción de desencantar” y esta palabra nos remite a “deshacer el encanto”.

¿Acaso estábamos encantados con el accionar de los políticos y de los partidos en este país? ¿O con el actuar de las autoridades electorales? Pienso que no, si encantados se refiere a muy satisfechos; pero tal vez sí, en caso de que aluda a embobados o distraídos.

Más aún si tiene que ver con ser objeto de encantamientos, entendidos como “obrar maravillas por artes de magia”, por parte de muchos de los miembros de la Clase Política, que para ello se las gastan muy bien. 

Tal vez convenga utilizar la acepción de desencanto como sinónimo de desengaño, que se refiere al “conocimiento del error o engaño en que se estaba”, lo que nos ubica frente a una toma de conciencia del error que significa seguir firmando cheques en blanco a los falsos “representantes del pueblo”, o ante la claridad con que ahora vemos el engaño de que hemos sido objeto como sociedad, por los políticos demagogos que no cumplen sus promesas y compromisos adquiridos al pedir el voto.

En cualquiera de las acepciones, el desencanto ante lo electoral está vinculado a la desconfianza de la población respecto de las instituciones y los procesos eleccionarios.

El propio Presidente y algunos miembros de su gabinete han reconocido que existe desconfianza.

Pero no sólo eso, también hay insatisfacción, incertidumbre y descontento por los resultados de este gobierno y el actuar de los políticos. Hay falta de credibilidad, o dígame usted: ¿las supuestas nuevas reglas del juego y los nuevos órganos electorales harán que mejore la calidad y confiabilidad de las próximas elecciones? Claro que no; se perfila más de lo mismo, con la democracia en entredicho. Prefiero apostar al fortalecimiento de una sociedad civil más demandante y crítica.

Me sumaré al voto de rechazo que habrá de expresarse de diversas maneras.  


  gabriel_castillodmz@hotmail.com